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domingo, 15 de octubre de 2017



En octubre se cumplen 45 años de la más grande efeméride del deporte salvadoreño. Ese 8 de octubre de 1969, allá en Kingston, Jamaica, un grupo de jóvenes cuscatlecos, dirigidos por el técnico argentino Gregorio Bundio Núñez y su auxiliar, el italiano José Santacolomba, clasificaban para el Mundial de México 70, al derrotar en el tiempo extra a la selección de Haití con el marcador de 1-0. Antes del juego, los antillanos se mostraban muy seguros, ya que eran veloces y diestros en el contraataque, por eso cuando el árbitro Keith Dustan, de Bermudas, marcó el inicio del cotejo, se fueron con determinación al ataque, pero se encontraron con una defensa salvadoreña bien parada.


Durante los 90 minutos reglamentarios, el partido fue muy parejo y culminó con empate a cero goles, por lo que fue necesario jugarse 30 minutos extra. Los muchachos salvadoreños habían perdido el partido anterior en San Salvador con el marcador de 3-0 y no estaban dispuestos a ceder ventajas, de ahí que se plantaron con aplomo frente los espigados rivales. Cuando se jugaban 14 minutos del primer tiempo extra, Mon Martínez se elevó entre varios defensas y aprovechó un tiro de esquina de Élmer Acevedo, que había desviado Genaro Sermeño, y de cabeza la alojó en el ángulo superior izquierdo de la portería defendida por el arquero Francillon, quien en el lance atrapó la pelota pero cayó dentro de la portería. Fue un gol de oro, de esos que conmueven a las multitudes y que provocan que un país entero caiga en el delirio. En la lejanía todo un pueblo se había emocionado y salió a las calles a celebrar para convertir en héroes a sus jugadores.



Mucho antes



La ruta había comenzado meses antes frente a Surinam y Curazao. La FIFA había distribuido los 12 países inscritos para la Copa del Mundo en la Concacaf en cuatro grupos distribuidos así: grupo 1: Estados Unidos, Canadá y Bermudas; grupo 2: Costa Rica, Jamaica y Honduras; grupo 3: El Salvador, Surinam y Curazao; grupo 4: Guatemala, Haití y Trinidad y Tobago. De cada grupo se clasificaría un equipo que, luego, se eliminaría a visita recíproca con el primero de otro grupo. De los cuatro clasificados saldrían dos series. Los dos ganadores jugarían entre sí, siempre a visitas recíprocas para dirimir quién sería el que clasificaba al Mundial. Si se producían empates tendrían que jugarse un partido extra en cancha neutral.



Nuestro primer rival



El 1 de diciembre de 1968 nos tocó enfrentarnos a Surinam y lo goleamos 6-0. El equipo nacional solamente había disputado dos juegos de fogueo. El primero contra Costa Rica, en San José, donde caímos 3-0 con dos anotaciones del Flaco Chavarría y uno de Roy Saenz, quien después vendría a jugar para la UES. Luego tuvimos la visita del Ferroviaria de Brasil, con el que caímos por la mínima diferencia con gol de Perxinho.



En ese primer partido ante Surinam, jugado en el estadio Flor Blanca, abrió la cuenta a los 23 minutos Joel "Cacique" Estrada y a los 56' aumentaba Víctor Manuel Azúcar, malogrado goleador que falleciera en los albores de su juventud en un accidente en la república mexicana. En los minutos finales se destató el equipo nacional y con otro gol del "Cacique" Estrada, Azúcar, "Cariota" Barraza y Mon Martínez se cerraba la cuenta.



Contra Curazao jugamos los dos encuentros en el Flor Blanca, el primero el 12 de diciembre que ganamos por la mínima diferencia con gol de José Antonio Ruso Quintanilla. Tres días después se jugó de nuevo en el mismo escenario y en esa oportunidad volvimos a ganar 2-1 con tantos de Mon Martínez y de "Cariota" Barraza.



Con esos seis puntos ya habíamos clasificado y el partido de vuelta ante Surinam se tomó con cautela y perdimos 4-1 en Paramaribo.



En los otros grupos, Haití había eliminado a Trinidad y Tobago y a Guatemala; los hondureños a Costa Rica y Jamaica en tanto que los Estados Unidos a Canadá y a Bermudas. Entonces se llegó el momento en que El Salvador se enfrentaría a Honduras y Estados Unidos se mediría con Haití.



El primer partido fue en el estadio Morazán de Tegucigalpa, en lo que sería el último juego en la selección del gran "Cariota" Barraza. "El Maestro" ya no podía con las lesiones pero hizo el último esfuerzo. No obstante su patriotismo no pudo evitar que perdiéramos 1-0; Lennear Welch, el defensa central hibuerense, nos hizo un gol cuando el árbitro se alistaba a pitar el final del encuentro. Luego vino el juego de vuelta el 15 de julio de 1969; esa tarde la selección fue una fuerza futbolística que arrasó a los hondureños 3-0, pese a que habían repatriado a la "Coneja" Cardona, quien jugaba en el Atlético de Madrid.



La diferencia de goles no valía y se tuvo que jugar el partido extra en estadio Azteca el 27 de junio. Fue una batalla bajo la lluvia, Mon Martínez anotó a los diez minutos, pero "la Chula" Gómez empató a los 27' con una chilena que venció a Gualberto Fernández; dos minutos después Mon se repitió y venció a Varela, el arquero hibuerense. En la segunda parte, a los siete minutos, "la Chula" Gómez vuelve a anotar, por lo que hubo necesidad del tiempo extra, donde "Pipo" Rodríguez, al minuto 11, hizo el tanto de la victoria.



Ese acierto tuvo una connotación más allá de lo deportivo, no solo porque significó el triunfo salvadoreño, sino porque se recordaría como pretexto para nombrar la guerra que el Ejército salvadoreño libró con su par hondureño, del 14 al 18 de julio de 1969. En el mundo se vivían notables acontecimientos, el hombre estaba por llegar a la Luna, los hippies tenían su paraíso en California, las dictaduras reinaban en Latinoamérica y los movimientos guerrilleros se gestaban. Entre tales coordenadas se disputó lo que muchos llamaron la Guerra del Fútbol, entre dos naciones aquejadas por los mismos males cuyas acciones terminaron con soldados muertos de hambre que, al no tener municiones, hasta reventaron cohetes de vara para atemorizar al enemigo.



Haití, por su parte, había eliminado a los Estados Unidos, por lo que la final se pactó para jugar el primer partido en Puerto Príncipe el 21 de septiembre de 1969.



Ante un lleno total en el estadio Silvio Cator, la selección ganó 2-1. Élmer Acevedo, de tiro libre, abrió el marcador al 43', pero Obas empató al 59'. "Pipo" sería de nueva cuenta el hombre providencial tres minutos más tarde para marcar el 2-1.



Fue un triunfo que nos dejaba a tiro de empate para asistir al Mundial. Para entonces y para demostrar que éramos cordiales, el pueblo se volcó a las calles para recibir a los haitianos. Tal actitud les elevó la moral y nos ganaron 3-0. Desir, Francois y Barthlemy nos sorprendieron y fue así como llegamos al tercer partido en Jamaica, un terreno neutral.



El partido decisivo



Fue histórico porque, ese encuentro, ganado el 8 de octubre en Kingston, ha sido el acontecimiento deportivo más grande de nuestra historia. Ni siquiera aquella victoria sobre México en Honduras en noviembre de 1981, que significó la clasificación a España 82, podría comparársele. Lo de Kingston tuvo de todo: intensidad, suspenso, emoción y un final que no podía ser más dramático. No hubo figura que sobresaliera sobre las demás, el mérito fue colectivo.



Durante el partido la gente se pegó a los radios en una vigilia ansiosa y allá en Jamaica, cuando cayó el gol de Mon Martínez, los integrantes de la Selecta evidenciaron enormes recursos espirituales. A veces sacando la pelota de la zona de peligro, por sacarla, sin meditar sobre su destino, sin miedo al ridículo mientras que en el arco el grandioso Gualberto Pulpo Fernández se agigantaba. En la defensa Roberto Rivas, Salvador Mariona, Jorge "Indio" Vásquez y Mauricio Manzano se multiplicaban, con la ayuda del "Ruso" Quintanilla, Salvador Flamenco Cabezas y Mario Monge e incluso Élmer Acevedo que se mostraba para la salida.  Arriba, "Pipo" Rodríguez jugando lesionado y el sensacional Juan Ramón Mon Martínez aguantando de todo con los centrales haitianos. La dignidad de El Salvador estaba siendo premiada, acaso con generosidad, pero con mucha justicia.



En tanto, a lo lejos se ponían en actividad los mecanismos más profundos y misteriosos de nuestro pueblo. Se dice que en Izalco había un aquellarre en una vivienda cercana a la de Salvador Mariona; en el barrio San Miguelito los vecinos se habían reunido en la casa de los Flamenco Cabezas y allá en El Congo doña Chaguita Sermeño, amada madre de Genaro, había ordenado suspender el destazo. Unos rezaban, hacían promesas, otro se arrodillaban implorando al cielo.



Por eso cuando el partido terminó cundió la euforia, la gente salió a las calles para celebrar, reventar cohetes, brindar, aunque la mayoría ya andaba alegre. Muchos se tomaron asueto al día siguiente por su propia cuenta y riesgo luego de 120 minutos de estar pegados a la radio. Y allá en Kingston los muchachos se fundían en un abrazo interminable, mientras que El Salvador comenzaba los preparativos para recibir a sus héroes. Desde entonces este grupo de jóvenes de otrora sigue reuniéndose periódicamente y, aunque algunos ya se marcharon, permaneces unidos por el fútbol y por aquella gesta inolvidable.

miércoles, 5 de abril de 2017

Los buenos extranjeros que dejan enseñanza o se han portado muy bien en el país se recuerdan con cariño, en ese sentido el uruguayo José Mario Figueroa Viscarret, el “Chueco” Figueroa, del Marte, dejó gratos recuerdos en una afición azul que celebró muchos goles y un campeonato nacional en 1985.



Tuvo una infancia detrás del balón en su natal Montevideo; el baby fútbol fueron sus inicios de donde pasó a las canteras del Fénix y con 13 años comenzó a entrenar a nivel profesional.

Por entonces Mario Figueroa alternaba su fútbol con el estudio en el colegio Santamaría del Ayuda y en el Liceo Juana de Ibarbourou.

Luego formó parte de una generación dorada de futbolistas uruguayos; Hugo de León, Rubén Paz, Venancio Ramos, Fernando Alvez, entre otros.

Tenía 18 años cuando el Waregen de Bélgica lo compró y así inició un largo peregrinaje que lo llevó a jugar en México, Ecuador, Costa Rica, Guatemala, Honduras y El Salvador.

Lo vimos jugar por primera vez con el Olimpia de Honduras en 1985 y desde ese momento nos impresionó su clase futbolística; para entonces estaba convertido en la estrella del equipo hibuerense que derrotó a la Selecta. 

Esa noche fue considerado el mejor del partido despertando elogiosos comentarios por su fuerza, velocidad, capacidad para tomar la línea de fondo, habilitando al compañero mejor ubicado y por supuesto su cuota de gol.

Varias semanas después apareció en el Cuscatlán pues Julio Escobar lo quería para el Águila. 

Pero el chileno fue dado de baja y el contrato quedó en la nada. Algunos marcianos que lo habían padecido con la Selecta advirtieron su presencia y abogaron ante su directiva para que lo contrataran. No podía haber mejor recomendación y Mario comenzó a meter goles para todos los gustos conduciendo al equipo azul a ostentar el último de sus títulos ganado aquel 25 de diciembre de 1985.

Por eso se encuentra entronizado en la galería de ases adorados por la afición marciana que lo recuerda con aquel gol navideño, en el 5-3 al Alianza, con un disparo extraordinario que describió una parábola antes de meterse en el arco encomendado a William Santillana.

Por entonces lo buscamos para saber sobre sus hazañas y su historia, descubriendo un ser humano excepcional, con una caballerosidad casi novelesca. 

Luego se fue al Galcasa guatemalteco donde también rindió grandes actuaciones. Pero no conforme con meterse en el alma de la afición nacional, con esa su calidad humana conquistó el corazón de Cristina Posada, distinguida dama salvadoreña con la que procreó a Juan Carlos y Rodrigo quienes siguen en la huella conductual de su padre.

Y es que a menudo cuando abordamos a quienes fueran sus compañeros con los que guarda amistades entrañables, la opinión es unánime en cuanto a que se trata de un caballero dentro y fuera de la cancha, el puntero ideal con el que habría soñado un entrenador, el compañero que contagiaba la amistad abriendo las puertas de su casa para todo aquel que quisiera hablar de fútbol o pasara por algún problema.

 Y sigue igual, porque en este uruguayo se conjugan en gloriosa armonía la solidaridad y la humildad, dos sustancias que tanto nutren y enriquecen a la especie humana.


¿A qué se dedica actualmente?
A entrenar fútbol con jóvenes, trabajo en la Escuela Americana de El Salvador, país donde resido desde hace 25 años. Tengo mi título de entrenador de primera división, por ello ya dirigí equipos competitivos como el Atlético Marte y el Alianza.


¿Le gustaría dirigir al Marte?

Claro, sería un honor, aunque actualmente no estoy mentalizado en ello, ya que he estado apartado del fútbol competitivo, hay mucha presión, y eso ya la viví en mi etapa de jugador.


¿Por qué no regresó a su país natal?

No regresé porque aquí me casé y vivo feliz en El Salvador con mi esposa e hijos.


¿Cómo fue su infancia?

Fue muy bonita, siempre andando detrás del balón y jugando libremente con mis amigos.Comencé en las divisiones inferiores del Fénix de Uruguay. De niño jugaba en Baby Fútbol y a los 13 años comencé a entrenar en un club profesional.


¿Estudiaba y jugaba?

Siempre estudiaba y jugaba, tuve la suerte de estudiar en colegio privado Santamaría del Ayuda y en el Liceo Juana de Ibarboroua. A los 18 años mi club me vendió al Waregen de la Primera Division de Bélgica, allí comenzó mi peregrinar por varios países, México, Ecuador, Costa Rica, Guatemala, El Salvador y Honduras.




¿A nivel profesional en qué equipos jugó en su país?

En mi país jugué siempre en Fénix, debuté en primera a los 17 años, estuve en la selección juvenil uruguaya donde alterné con grandes jugadores como Hugo de León, Rubén Paz, Venancio Ramos, Fernando Álvez, entre otros.


El mote del “Chueco”, ¿Le molesta?

Lo de “Chueco” es algo normal en mi país, así nos dicen a todos los cascorbos en Uruguay, Argentina, Chile, es un apodo de cariño y así fue desde joven, no tiene el mismo significado aquí en Centroamérica.


En Honduras hizo historia tambien.





En plena acción en la liga catracha, Figueroa fue un delantero oportuno, anotó 18 goles en tres temporadas.

¿Cómo llegó al Olimpia?

Llegué recomendado por José Luis Mattera (QDDG), a través de otro técnico uruguayo José “Pepe” Etchego, eso fue en 1983.


Sus compañeros de Olimpia, ¿cuál trato le dieron?

Fui muy bien recibido por mis compañeros y directivos de esa primera época, siempre recuerdo con cariño a Jorge “Perro” González, Arturo Cáceres, ambos ya fallecidos. También a otros grandes compañeros como “Tecate” Norales, “Indio” Ruiz, Belarmino Rivera, en fin recuerdo a varios grandes compañeros.


¿Su debut en Honduras?

Mi debut fue contra Victoria, ganamos dos a cero, llegué un martes y el domingo ya jugaba contra ellos.


¿Su mejor recuerdo en Honduras?

Los dos torneos ganados con Olimpia son un gran recuerdo en mi vida, imborrables. Las dos etapas fueron buenas, ya que ganamos torneos y teníamos un gran grupo.


¿Y el peor?

Siempre entraba a los partidos a dar todo, muchas veces lesionado pero era difícil. Me dolía faltar a algún partido.


¿El mejor reconocimiento que recibió en Honduras?

Eso me lo reconoció la afición y se lo agradezco siempre, porque recibí y recibo aún con los años un gran cariño de los olimpistas y también de muchos que no lo son, pero me recuerdan esa buena época de fútbol en Honduras.


¿Por qué solo llego al Olimpia?

En Honduras solo jugué en Olimpia, a pesar que tuve ofertas de otros equipos, pero siempre tuve mucho cariño al club, de jugar contra el Olimpia preferí mejor irme a otros países.


¿Mantiene amistad y contacto con sus excompañeros?

Quedaron muchos grandes amigos, jugadores, sería injusto nombrar a alguien porque yo me llevaba bien con todos, con muchos nos seguimos comunicando por las redes sociales.También tengo amigos de la prensa, directivos y amigos particulares, de los cuales me gustaría mucho verlos, a todos les mando un gran abrazo.


Se quedó en El Salvador porque se casó con su esposa Cristina, con quien procreó tres hijos y vive muy feliz.



¿Qué concepto tiene del fútbol hondureño?

El fútbol hondureño ha tenido buenos logros a nivel internacional, se ha ganado un nombre a nivel mundial, seguirá avanzando porque hay talento, siempre van a salir grandes jugadores y yo estoy orgulloso de haber jugado en Honduras y en especial en el Olimpia.


¿Su mejor gol en Honduras?

Al Real España en 1984, gol de unos 30 metros en el estadio Nacional de Tegucigalpa, al mundialista Julio César “Tile” Arzú. Le hice goles a todos, no recuerdo a qué club más.


¿Algún entrenador que recuerde?

Quique Grey es un gran amigo y también hice amistad con “Chelato Uclés” aunque no lo tuve de entrenador, pero tuvimos una buena relación de amistad.


¿El defensa más difícil que enfrentó?

En ese tiempo había muy buenos defensores como Richardson Smith del Marathón y Allan “Cochero” Costly de Real España.


El portero más difícil…

Al “Tile” Arzú, mundialista con Honduras, con tremendas condiciones, experiencia y sobre todo mundialista destacado.


¿Por qué no regresó a Honduras?

La primera vez me fui en 1985 porque buscaban nacionalizarme y no se dio, hubo mucha demora en los trámites por eso me fui al Saprissa de Costa Rica y al Atlético Marte de El Salvador, luego en mi segunda estancia por mejor oferta económica tuve que irme al Galcasa de Guatemala.


Recuerdos con Olimpia en Concacaf

Muchos y buenos, contra los mexicanos, ticos, sobre todo las cuadrangulares que ganamos en Honduras. Una de ellas cuando el club cumplió 75 años, esa vez fuimos campeones centroamericanos ganando en Costa Rica, además ganamos la Liga.


¿Recomendó algún paisano suyo al Olimpia?

Yo recomendé a Daniel Viera al señor Ferrari, un gran amigo, no falló, sabía que era un gran jugador y me hizo quedar bien porque rindió, él había salido campeón con Central Español.


¿Qué concepto tiene del señor Ferrari?

Cuando llegué no estaba en el club, con él siempre me llevé bien, ha sido fundamental para el cambio radical del Olimpia, cambió un montón de cosas, lo hizo más profesional, cuando llegué tenían problemas de infraestructura y gerencia, todo eso cambió, ahora es un equipo respetado y solvente.


¿Alguna anécdota en el Olimpia que nos quiera compartir?

Una vez estábamos jugando un clásico, un árbitro me expulsó, pero yo no fui el agresor cuando le reclamé, me dijo, ni modo ya te eché, no puedo hacer nada, salte de la cancha, después no me suspendieron al ver los videos, pero me dolió que me expulsaran ante Motagua.


Un mensaje

Quiero aprovechar el reportaje para decirles que amo a Honduras y su gente, no olvido los grandes momentos que viví especialmente en el Olimpia, sé que mi trabajo hizo feliz a muchos hondureños. Saludos fraternos desde El Salvador.





Además el ex delantero que hoy reside en  El Salvador fue parte de aquel equipo que se paseaba por toda la región centroamericana alzando títulos regionales ganándole a los grandes del istmo.



Hoy se recuerda con nostalgia y alegría los gratos momentos vividos en el fútbol hondureño y asegura que al país, pero sobre todo al Olimpia, lo lleva en el corazón porque vivió momentos imborrables de su carrera deportiva.



Figueroa está en la lista de grandes atacantes uruguayos de la historia del Olimpia, en ella comparte honores con sus paisanos Walter Chávez, Juan Carlos “Rata” Contreras, Carlos José Laje y Washignton Ramiro Bruschi.



domingo, 26 de marzo de 2017



Cuando llegó al Marte en 1976, Norberto Huezo iba con las intenciones de sobresalir y sacar provecho de la estabilidad económica del equipo. Los militares habían hecho del cuadro marciano una institución con solvencia en sus salarios. Esto provocó la conformación de grandes plantillas y ser considerados siempre favoritos en la pelea por los campeonatos.

“En cada puesto había dos o tres jugadores. Era difícil ganarse la titularidad”, comentó el popular ‘Pajaro’. Entre los nacionales, hubo nombres como los de Omar Barillas, José Luis Rugamas, Miguel González y Ramón Fagoaga. Como refuerzos extranjeros estuvieron Carlos ‘el Nene’ Escalante y Alfredo Di Baggio.

Destacar en esta pléyade de futbolistas era elogiabe, esto lo consiguió Norberto Huezo a base de buena técnica e inteligencia para manejar el medio campo. “Era un equipo de tradición, formado por excelentes jugadores nacionales y extranjeros”, dijo. El fruto de su esfuerzo lo obtuvo en la temporada 1979-80. ‘El Pájaro’ conseguía su primer campeonato con Marte, el sexto en su historia.

Huezo era el típico líder. De los que ahora no se encuentran en ningún lado del fútbol mayor. De semblante serio. Sobre el terreno hacía lo que debía. Hablaba poco y sus mejores expresiones eran con el balón.
Y cuando iba tras o con el balón, normalmente ya iba enfilando su mirada al compañero, no al horizonte y menos cabizbajo. Siempre iba observando a su colega mejor posicionado en pos del ataque.

Así es como se recuerda el paso de Norberto “el Pajarito” Huezo en el fútbol nacional. Su condición de auténtico 10 fue adoptada, según él, de forma natural y solamente supo mantenerla al impregnarle un poco de carácter, sacrificio y seriedad.
Eso lo llevó a pisar campos de España –cuatro años–, México, Costa Rica y Guatemala.
En tierras ticas, con el Herediano, consiguió su segundo campeonato en una liga nacional. Aquí se coronó con el Atlético Marte en 1985.

Ahora, muchos años después de ese Mundial, quizá su mejor momento futbolístico, “el Pajarito” dice que no le gusta ser considerado como el mejor 10 de la época y menos que se le diga que ha sido el último que hizo grande al 10.

Creativo, inteligente, líder y por supuesto altamente técnico, de entre otras cualidades dignas de ese rol tan importante en un equipo de 11 futbolistas... por hoy extinguida.
Nombre 
José Norberto Huezo Montoya 
Apodo "Pajarito" 
Nacimiento 6 de junio de 1956 San Salvador, El Salvador 
Posición centrocampista 
Año del debut 1975 
Club del debut CD Universidad de El Salvador 
Año del retiro 1993 
Club del retiro CD FAS 


José Norberto Huezo Montoya (San Salvador, 6 de junio de 1956) es un ex futbolista salvadoreño. Su carrera comprende una copa mundial de fútbol, y participaciones en ligas extranjeras. En el terreno de juego se desempeñó como mediocampista. Como técnico ha dirigido selecciones nacionales juveniles salvadoreñas.

En la Primera División de El Salvador, Huezo jugó para los equipos CD Universidad de El Salvador (1974) y Antel (1975) donde fue compañero de Jorge González.1 2 En 1976 militó en CD Atlético Marte y, después de haber tenido un paso por el fútbol mexicano con CF Monterrey en 1977, retornó nuevamente al cuadro marciano entre 1978 a 1981, año que se coronó campeón de la liga salvadoreña.

Tras su participación en el mundial de España 1982, formó parte de los equipos españoles Cartagena FC (1982), CF Palencia (1982-1983) y Valencia CF (1983-1985). Otra vez regresó a El Salvador donde consiguió su segundo título con Atlético Marte en 1985. El siguiente año partió hacia Costa Rica donde prestó sus servicios a CS Herediano (1986 a 1987), equipo con el que consiguió otro campeonato.2Posteriormente viajó a Guatemala con Deportivo Jalapa (1988 a 1990) y Deportivo Escuintla (1991-1992). Terminó su carrera en CD FAS en los años 1990.

En la Selección de fútbol de El Salvador, fue parte de tres eliminatorias para la copa del mundo. En las rondas previas para Argentina 1978, jugó en ocho partidos.

 Posteriormente, lograda la clasificación al mundial de España 1982, participó en los tres encuentros de la primera ronda del torneo. 

Finalmente, para México 1986 intervino en dos juegos contra la selección de Honduras en 1985 durante la segunda fase de eliminatorias.3 En total, Huezo marcó dieciséis goles con la selección salvadoreña.4

El auténtico 10

Éstas son las 10 cualidades que, a criterio de ex futbolistas y entrenadores, debe tener un verdadero número 10 en un equipo de fútbol:
Alta capacidad para entender y poner en práctica ideas tácticas
Capacidad para rendir igual en equipos y selecciones
Liderazgo
Creatividad
Carácter para saber controlar momentos difíciles del equipo
Personalidad dentro y fuera del campo
Manejo de los tiempos del juego (la pausa y la velocidad a la vez)
Alta calidad técnica
Buen perfil de llegada por ambas bandas
Buen disparo
¿A qué se debe la falta de verdaderos valores en los equipos de Liga Mayor?

Norberto Huezo: El problema es muy amplio, viene en sí de la escasez de talentos que tiene el país. Y ése es un problema que arrastra la Liga Mayor desde hace muchos años. A la Liga Mayor hoy llega cualquiera.

Si hacemos una selección hombre por hombre, posición por posición, ¿resultaría difícil sacar un equipo con auténticos jugadores para cada puesto?

De hecho así es, es difícil y ello se refleja en las selecciones. En la última Copa de Oro, todos pasaron desapercibidos.

Para ser específicos, ¿qué cree que está pasando con la ausencia de verdaderos líderes, números 10 en los equipos?

En el caso especial de los números 10, es más agudo, ya que ese número significa ser el líder, la manija, el que da la pausa, el que pone el ritmo en los partidos, el que impone carácter. O sea, reune condiciones de jugador especial. Y ahora no los hay.

Usted llevó la camisola con el 10 en varios equipos y la selección, ¿pesa llevar ese número?

La verdad significaba mucho, la responsabilidad que tiene ese jugador es muy importante; y eso creo, el talento es lo que hoy está haciendo falta en este país.

Con su experiencia, ¿cuánto tiempo cree que se lleva sin contar con jugadores de gran calidad, que en realidad sean el 10 que llevan en la camisola?

Yo creo que eso no es un secreto para nadie que se mueve en el fútbol, quizá tenemos ya unas dos décadas sin contar con ellos. La clasificación al Mundial del 82 es el mejor referente.

¿Y en las últimas selecciones nacionales?

En la selección no hay nadie que tome la manija. En los equipos se da el mismo fenómeno.

¿No hubo ninguno?

Quizá Mauricio Cienfuegos tuvo su momento, brilló con la selección y sí ha sido profesional, pero tampoco, no sé, no soy quien para decirlo. Tendría que decirlo gente que entiende, ustedes los periodistas, y no me gusta hablar de mí mismo.

¿En su época era difícil ser el 10 del equipo?

No sólo eso, para llegar a Liga Mayor había que pasar tres o cuatro jugadores que estaban en el puesto. Ganarse ese puesto era más difícil. Ahora no, la misma escasez de talentos lo facilita.

Entonces, ¿se ha vuelto casi un vicio ser de la Liga Mayor?

Ahora es más fácil llegar a Liga Mayor. Por ello es que ustedes ven a gente con deficiencias físicas y técnicas en primera división, es increíble.

¿Hasta cuándo cree que la afición pagará para ver este tipo de fútbol?

Hasta que no se tome en serio el trabajo a nivel de las canteras, es ahí donde tenemos que trabajar, con los niños para enriquecerlos en la técnica.

Sólo de ahí pueden surgir los verdaderos talentos.

lunes, 6 de marzo de 2017




EL VIAJE DEL CAPITÁN
Jugó en los tiempos en que a los capitanes de los equipos hasta los tratabamos de usted, ellos dentro de la cancha mandaban y había que obedecerles porque predicaban con el ejemplo.
En la casa club del Marte cuando nos decían Los Mugstans Azules, Alberto Villalta era como el auxiliar de don Hernán Carrasco.
Le gustaba que le dijeramos Che Villaltini, Capitán, Crack o City; odiaba el mote de Pechuga y al que se lo decía lo encaraba, aunque tal licencia se la permitía a unos pocos.
En un partido contra el FAS, el Bucky Espinoza le puso una plancha al brasileño Doribaldo Becca quien se retorcía del dolor.
Villalta llegó y le dio un coscorrón al Bucky reprochändole la entrada.
El árbitro don Desiderio Avendaño iba con la tarjeta roja en la mano y nuestro capitán lo evitó diciéndole "no le diga nada, ya yo lo castiguĕ".
Aquella salida bien puede ejemplificar la ascendencia que tenía en la cancha y fuera de ella era de lo más amistoso.
Pocos futbolistas salvadoreños han tenido un amor propio como él y han confiado ciegamente en sus capacidades.
En el famoso partido que el Marte empató a un gol con el Santos en Panamá lo vi en su verdadera dimensión, Picolė era una de las jóvenes estrellas del equipo brasileño y se enredó en una disputa verbal con Villaltini quien con autoridad le expresó: "¡Cipote, vos comenzăs a morder la grama!".
Al finalizar el primer tiempo, nos dirigíamos hacia los camerinos cuando nos cruzamos con Lima, compadre de Pelé y una de las estrellas rutilantes de aquel equipo.
Saludö a Villalta de manera efusiva quien al ver mi cara de asombro me dijo "pensé que no me iba a reconocer, es que yo lo anulė en San Salvador".
Se refería al partido que unos años antes el Alianza les había ganado.
Jugó un montón de años en grandes equipos, en la selección nacional y siempre estuvo entre los que más cobraban.
Ahora se unió al grupo de hermanos que se nos adelantaron.
En este otoño que vivimos en que más temprano que tarde lo seguiremos nos queda de consuelo de que cuando el momento llegue, hermanos del fútbol como Raúl Magaña, Ricardo Sepúlveda, Rodolfo Baello, Santiago Cortez Méndez, Sergio Méndez, Adonay Castillo y por supuesto Villaltini estarán allá arriba para recibirnos y organizar las tertulias como antes...más que antes.

¡Vaya con Dios mi querido Capitán!.
Autor Manuel Cañadas
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