lunes, 2 de diciembre de 2002





Atlético Marte está al borde del descenso. Detrás de ese hecho lamentable queda la historia de un equipo glorioso que se ciñó ocho títulos en 52 años de gran protagonismo.



La gente que peina canas recordará a aquel Atlético Marte de los años 50, 60 y 70, que paseaba su jerarquía dentro y fuera del país sumando triunfos y más triunfos con aquella pujanza forjada por la costumbre de ganar.

Eran los buenos tiempos del incondicional apoyo militar, donde el respaldo económico se juntaba estrechamente con el esfuerzo futbolístico y todo concluía en la victoria de hoy, en la de mañana y en la de toda la vida, y los triunfos alcanzaban para llenar todos los recobecos del orgullo castrense.

Lamentablemente, como siempre ocurre en nuestro fútbol y con nuestros dirigentes, los militares marcianos de turno se conformaban con el halago cotidiano, con la miel del día, con el festejo de siempre, con saber que el Atlético Marte seguía siendo el patrón del fútbol, y nunca se ocuparon en forjarle al equipo un futuro cierto a través de proveerle una sede social y una estructura de club.

Y como siempre ocurre cuando el respaldo económico termina, se fueron los militares y el equipo marciano entró en la época de las vacas flacas, tambaleando junto a una directiva civil a quien no le quedaba nada más que los pergaminos del pasado como testimonio de una grandeza muchas veces olvidada. Tristeza total, porque en el inventario institucional no existía ni siquiera un taburete en qué sentarse a llorar la desgracia.

Cinco años después, colgado de ilusiones mal dibujadas por hombres que soñaban despiertos, Atlético Marte se montó en el tobogán del precipicio hasta hundirse como nunca, y ahora está a un empate o una derrota para bajar a la segunda división.

¿Quiénes son los culpables de esta situación? Diríamos que todos, los que se conformaron con el triunfo del domingo o con la vuelta olímpica de mañana y no le crearon un espacio hacia el futuro, y los que después se echaron la responsabilidad a la espalda sin contar con los recursos para sobrevivir.

Los años de gloria

Atlético Marte nació a la vida el 22 de abril de 1950, cuando el Alacranes, que era manejado por algunos militares, le cedió la categoría. Su llegada a la primera división coincidió con la desaparición del Libertad, F.C., y ese detalle lo favoreció en razón de contar con un plantel de respeto, porque todos los jugadores del ex-campeón Libertad pasaron a sus filas.

Allí estaban el arquero Ovidio López, los defensas Antonio “El Chino” Montes, Isaías Choto, Alvaro Alarcón y el Roberto “Venado” Barrios, los mediocampistas Luis Regalado y Conrado Miranda, y los delanteros Carlos “La Rata” Gálvez, Armando “El Potro” Ruano, Obdulio Vásquez y Mario Aguila. Sus colores eran: camisola crema y calzoneta ocre. Fue hasta en 1959 que se cambió al azul y blanco actual.

En la temporada de 1955-56, reforzado con jugadores de la talla de Gustavo Lucha, Manuel Garay, Armando Rivas, Miguel “El Pibe” Vásquez, René “Pelón” García y Abraham “El Carabina” Jiménez, Atlético Marte conquistó su primer campeonato. Y siguió siendo campeón en los torneos de 1956-57 y 1957-58. O sea, tres años consecutivos de vigencia.

Después de diez años de sequía en cuanto a títulos, pero siempre con la etiqueta de gran protagonista, el bombardero marciano regresó a la cúspide ganando sucesivamente los campeonatos de 1969-70 y 1970-71. Fueron los títulos cuarto y quinto de su historia.

De 1972 a 1979 el cuadro marciano siguió peleando los título con el mebrete de equipo grande, pero fue hasta en la temporada de 1980-81 que se alzó con el título número seis. Volvió a ser campeón en la temporada 1982-83, y en 1985-86 cerró su ciclo de mandar en el fútbol salvadoreño atrapando su octavo título de campeón nacional.

Sin embargo, su calidad de grande la mantuvo mucho más allá, porque en 1992 se coronó campeón de la Copa CONCACAF, certamen realizado en Guatemala y con la presencia de equipos fuertes como Universidad de Guadalajara, México; Comunicaciones, de Guatemala; Saprissa, de Costa Rica; y Real Estelí, de Nicaragua.

Sus últimas grandes performances fueron en 1995 y 1999, cuando disputó las semifinales de esos años frente a Aguila. No consiguió llegar a la final, pero mantuvo su huella de equipo grande. El plantel plantel de 1995 era manejado por Reno Renucci y en él figuraban los extranjeros Rodinei Martins, el “ostrero” Alberi Dos Santos y Agustin Alberto “La Chochera” Castillo. El de 1999 tenía como jugadores destacados a Emiliano Pedrozo, Ernesto Góchez, Cristian López. Chepe Martínez, Mario Pablo Quintanilla y Guillermo Morán.
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