viernes, 18 de febrero de 2011

Ricardo Guevara Mora


El inicio

De niño disfrutó del béisbol. La primera imagen del deporte la tuvo de su tío Mario “el Grillo” Mora, quien fue paracorto en la Selección de Béisbol.
“Lo mío eran bates y guantes”, asegura. Para entonces estudiaba primaria en la escuela San Alfonso y tenía como entrenador a Patey Lozano. Al terminar la primaria, pasó al Don Bosco y ahí estuvo bajo las órdenes de Cirilo Herrington. Pero en el colegio también se entusiasmó con el baloncesto. “Rápido me ascendieron al equipo de las ligas inferiores del colegio”, afirma.

Pero el fútbol ya se anunciaba en el camino de Luis Ricardo. “Yo tenía un par de amigos que estaban metidos en el fútbol, entre ellos estaba William ‘el Pony” Rosales. Además, Raúl García, había sido mi compañero en toda la primaria”, dice.

“Para mí, el fútbol era una cosa rara, extraña, aunque todos mis compañeros siempre estaban hablando de eso. Me preguntaban a qué equipo le iba, pero yo no sabía ni siquiera el número de equipos que estaban en la Liga Mayor (tenía como 11 años). La verdad no me interesaba otra cosa más que el básquetbol, el fútbol no me gustaba”. Para ese tiempo, un entrenador lo llevó a jugar de delantero y fue un éxito fugaz. Más tardó en llevarlo que el niño en volver al baloncesto. De fútbol, nada.

Fue el entrenador Hellmut Müller quien se encargó de su formación basquetbolística. “Inicie con él y prácticamente me olvidé de lo otro. Pero para esos días también llegó Enrique Samour. Él me ascendió al primer equipo de una vez, y después vinieron los campeonatos colegiales”, recuerda.

El baloncesto era todo su mundo. Pero el fútbol estaba listo para el contragolpe: “Un día después de que terminaron los campeonatos colegiales, llegó William Rosales, con Ricardo “el Arañita” Calderón y venían con Raúl Magaña... andaban buscando un portero”, rememoró Guevara Mora.

“Ellos se dirigieron en especifico a mí, y le dije a Raúl (Magaña) que no sabía nada de fútbol”. Guarda silencio y retoma la conversación: “Yo no tenía interés, desconocía el fútbol. Sabía que Raúl era famoso. En ese tiempo quién no sabía quién era “Araña” Magaña, pero no estaba dentro de las cosas que yo manejaba”, afirma.

“Llegaron una vez, llegaron dos veces. Me convencieron para entrenar con Coca Cola. Pensé que iba a jugar de delantero y resultó que llegué y don Mamerto Palma me hizo jugar de portero”, señala, mientras bebe un trago de su taza de té. 
El debut

En medio del humo de su bebida, Mora comenta las repetidas ocasiones en la que Magaña llegó a buscarlo para que entrenara con Alianza: “Araña” decía que ya era tiempo de que jugara en la mayor. “Raúl (ríe...) me convenció , pero la parte más difícil fue convencer a mi mamá. Yo no cumplía los 15 años todavía. Mi mamá nunca fue hecha para el deporte. Ella exigía y exigía que yo estudiara. Me dio el permiso, pero condicionado a las notas que yo sacara. Así, en cuestión de semanas, estaba debutando en liga mayor con el Platense de Zacatecoluca... Tenía 14 años y dos meses”.
Su llegada a la Selecta

Luis Ricardo asegura, convencido, que su debut no fue algo significativo: “Estaba probando algo que me habían enseñado y que me estaba gustando, pero no era algo muy importante”.
De su entrenamiento se encargó Magaña, quien se las ingenió para darle ejemplos del béisbol en su nueva función de guardameta: a moverse como jardinero cuando venía un centro, corriendo hacia atrás con la vista al balón, a embolsar abajo el balón, como un paracorto.
Después de su debut en la Liga Mayor, la carrera de Mora tomó una velocidad impresionante. Al poco tiempo fue convocado a la Selección Juvenil Nacional.

“Cuando Héctor Real nos entrenó la primera vez, dijo: ‘aquí hay gente que va clasificar al (mundial) y gente que va llegar’. Me llamó con Carlos Rivera, y nos dijo: ‘ustedes son los que van a llegar, ellos son los que van a clasificar, pero ustedes son los que van a jugar el Mundial, ustedes van a estar dentro”.

Hacia España 82


Su té ya casi termina, pero su narración llega a un punto clave en su vida: el Mundial’82. “Un día, la Selección Mayor iba a Haití y resultó que los porteros de FAS, ‘Nicky’ Chávez y Mauricio Castillo, no pudieron ir. Yo estaba en la juvenil con Raúl, y me llamaron. Tuve la oportunidad de ir con la Mayor. Jugamos en Panamá, en Costa Rica y después en Haití. Estaba en las dos selecciones. No era extraño, porque antes, con Héctor Real, había estado en la juvenil y en la olímpica. Ahora me tocaba estar en las tres a la vez y en Atlético Marte”.

Nuestra plática arriba al momento clave que, para muchos, lo marcaría en el fútbol:hablar del Mundial de España 82. Para él, dice, hay cosas predestinadas, como lo que le ocurrió a nuestro país en ese torneo.

Pero, ¿qué pasó realmente en el Mundial? Empieza su explicación con una frase contundente: “Llegué casi con 18 años, todavía no los cumplía”. Y sigue, con tono serio: “En el Mundial pasó lo que le debe pasar a un país como el de nosotros. Clasificamos a puro pulmón, nos preparamos para clasificar, pero no para jugar el Mundial. No teníamos seguridad de nada. Fuimos a Honduras, clasificamos y ya... aunque había talento, eso quedó demostrado”.

Después de una pausa y otro sorbo de té, retoma la narración. “Mucha gente pregunta qué pasó después de Hungría, después del 10-1... No pasó nada. ¿Qué puede pasar en la mente de un muchacho que no cumple ni los 18 años? No tiene conciencia de lo que sucede. Para mí, quedaban dos partidos para clasificar a la siguiente ronda (guarda silencio). ¿Que por qué nos hicieron tantos goles? Todos los partidos comienzan cero a cero. El hecho de recibir una goleada no quiere decir que no tenés talento o que ya no sabés hacer lo tuyo”, explica con determinados gestos, mientras frunce el ceño y sonríe.

A pesar de ser culpado por mucha gente por la actuación frente a los húngaros, dice que se sintió tranquilo. “Jamás hubo una reacción mía, nunca abrí la boca para sacarme culpas. Es más, no tengo por qué pedir perdón, ni disculpas. ¿Qué hace un cipote de 17 años clasificando una Selección al Mundial...? Cargando con el peso del equipo. ¿Qué hace un cipote de 18 años jugando en el Mundial, salvadoreño, no brasileño ni argentino, y además portero?”, dice.

Según Mora, lo ocurrido en el Mundial “fue una mala concepción táctica y un mal planteamiento por desconocimiento de Hungría. Nosotros fuimos a atacar a los reyes del contraataque”
¿Qué tanto sabía el técnico Mauricio “Pipo” Rodríguez de Hungría? “No sabía nada, ni de Bélgica. A Argentina la conocíamos porque estaba en los noticieros y se pasaban todos los partidos. Eran los campeones del mundo. No sabíamos que Hungría era el mejor equipo europeo de ese año, y a Bélgica no le dimos la importancia de que eran subcampeones europeos”, subraya. Luce exaltado.

“En esa Selección también estaba Jorge (González), Norberto Huezo, Jaime (Rodríguez)... la gente sólo me recuerda a mí, pero éramos once en la cancha. Nunca abrí la boca para limpiarme o descargarme. Hoy, ya grande, analizo mejor las cosas y si bien he recibido duras críticas no me he hincado por mi carácter... ésa fue una de las virtudes que tuve y éso me sacó adelante. Porque yo respondí con trompadas y con patadas (...) Me reventé con medio mundo por todo el país. Tenía 18 años, pero nunca nadie me hizo dudar o pensar diferente”, afirma.

El exilio

Después de convencerlo para hacerle una sesión fotográfica, comienza una charla distinta: la de su vida después de España 82.
“Siempre he sido sincero y he tenido problemas para denunciar las cosas como son. Yo estuve hasta proscrito”, comenta.

¿Por qué? “Por el señor Ramón Flores Berríos. Lo encontré hablando con gente de Costa Rica, cabildeando votos para ser presidente de la UNCAF. Cuando vino la eliminatoria contra Costa Rica, la Selección no tuvo comida en la concentración, ni el estadio para entrenar. Mientras, los ticos vinieron y tuvieron el estadio las veces que quisieron. Al técnico Miroslav Vucacinovic no se le renovó el contrato, y después de ese partido se fue para su casa (1989, eliminatoria al Mundial de Italia 90)”.

El cancerbero explica que ahí se desmanteló la Selección y presentaron una nueva contra Honduras y otra en Costa Rica. “En un partido se acabó la eliminatoria para El Salvador, cuando Costa Rica había empezado perdiendo. En cambio nosotros perdimos el primer partido y estábamos eliminados”, dice.

Ante este ambiente, más el descontento de muchos salvadoreños que le echaban en cara el 10-1, Luis Ricardo se vio obligado a irse proscrito a Guatemala. “Ahí jugué cuatro años, primero con Xelajú y después con el Aurora. Si yo pisaba una cancha en El Salvador, me iban a meter un castigo de por vida”, recuerda, al tiempo que sostiene que en Guatemala recibió mayor respeto que en el nuestro.

El regreso


Mora regresó a Marte y al país hasta 1994. Sus problemas “se habían ido”, explica.
“Ese equipo era como mi casa y tenía mala situación. Había que salvarlo del descenso y lo hicimos. El siguente año estábamos peleando finales. Después, por la falta de visión del club, tome la decisión de irme”.

Después llegó su etapa en Alianza, pero jugando con la Selección en los Estados Unidos se fracturó la rodilla izquierda y pasó ocho meses inactivo. Al club llegó el arquero tico Pedro Cubillo, y Alianza logró el campeonato nacional y Grandes de Centroamérica.
En la siguiente temporada Mora estaba de vuelta y Alianza logró un título, pero le tocó marcharse “porque Alianza no estaba en buenas manos y no tenía ganas de entrar en combate”.

El primer adiós
“Ahí me retiré por primera vez. Ya había tomado el primer curso para entrenador, tenía clase C, terminé el B y ya no jugué. Después saqué el clase A. Entrené a los porteros en la Selección”, recuerda.

“Estaba retirado y me buscaron los dirigentes de Marte, que estaban comprometidos en el descenso.
Sitio de Atletico Ma
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