miércoles, 9 de marzo de 2011

cvillalta Cristian Villalta    
Hay municipios que no tienen las características ideales para albergar a un equipo de la liga mayor.




Un ejemplo es La Unión. Los dirigentes han tenido mucho que ver en la endémica mora que sufrieron y sufren sucesivos planteles del Atlético Balboa, pero la incapacidad y descaro de los dirigentes churrieros no alcanza a explicar porque este equipo vive al borde de la miseria desde que ascendió por vez primera, hace más de una década.
Si no hay suficiente comerciantes vecinos interesados en promocionar sus marcas, productos o servicios a través del equipo, ya sea en el modo de un logo en la equipación o a través de vallas en el estadio,  el proyecto comienza su andadura contra corriente. En un mercado en el que el gran empresariado ya no cree en el fútbol y en el que los anunciantes eventuales sólo invierten si acaso se es uno de los tradicionales (FAS, Águila, Alianza), no contar con los inversionistas regionales es imperdonable.
¿Quiénes se anuncian en la camiseta del Balboa? Sólo una cooperativa crediticia que aporta cerca de 27 mil dólares por torneo, y el fabricante de la misma equipación, que no abona en efectivo sino con el material deportivo que el plantel requiere. Si la planilla ronda los 25 mil dólares, al equipo no le queda sino persignarse esperando que las taquillas alcancen para pagar el 75 por ciento de los gastos fijos del torneo.
Aunque candidatos a alcalde o diputados invierten en el equipo cíclicamente cada vez que se acerca la campaña, su influencia es mínima y efímera.
La Unión no es una plaza viable para mantener a un equipo de primera división; no hay público suficiente para que las taquillas por torneo superen en promedio los 3 mil 500 dólares neto sin incluir gastos de espectáculo.
Mientras tanto, hay ciudades a las que, precisamente por la pujanza comercial, por densidad poblacional, por si esta es más rural que urbana o por oferta de entretenimiento general, un equipo rentado les cae como anillo al dedo. En estos casos, un buen mercadeo puede hacer la diferencia entre sacar la temporada incluso con superávit o al menos tablas o cerrarla con pérdidas; por lo general, el primer escenario suele ir acompañado de éxitos en lo deportivo.
El Once Municipal de Ahuachapán es un buen ejemplo; aunque sufrió descensos tanto en el viejo formato de campeonato anual como en la era de los torneos cortos, siempre contó con fuentes de financiamiento además del apoyo de sus aficionados en el estadio Simeón Magaña.
Hay otra característica interesante en esta sede. Si bien sus entradas no figuran entre las más accesibles del país (sólo hay de $3 y de $7), su fanaticada responde pese a lo mal que puede andar el equipo. Así, sólo en el Apertura 2010, en el cual finalizaron con farol rojo, siete de sus nueve taquillas superaron los 5 mil dólares, y cuatro de ellas los 7 mil.
Por eso, el Once Municipal es el gran candidato a descender, pero no es difícil imaginarse un Apertura 2013 o 2014 de primera división que los vea regresar; y por eso, aunque se haya salvado del descenso 2011, el Atlético Balboa será siempre el gran candidato no sólo a descender sino a desaparecer.
Sitio de Atletico Ma
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