viernes, 25 de mayo de 2012


Se hizo al fútbol en las canchas del Conservatorio del Ricaldone, ese mismo que vio nacer futbolísticamente a su hermano menor Milton y a muchos otros que brillaron en el fútbol nacional. Ahí, con sus amigos de la colonia Zacamil, le tomó amor a la pelota y manía a la

portería. Ahí se hizo el goleador que, tiempos después, sería en su querido Atlético Marte: es Wilfredo Antonio Huezo Pineda. Cada tarde de fútbol de la década de los 80.

A los ocho años inició en el Confitería Americana, un equipo del Ricaldone, adonde llegó por invitación de vecinos de la populosa colonia al norte de San Salvador.

“Es que como nos quedaba cerca de la casa, ahí nos íbamos cada tarde a jugar fútbol con los

amigos de esa época”, cuenta Will. También, a la par del Confitería Americana, jugaba en el equipo de su escuela: la Jesús Obrero. Con ese equipo llegó a jugar a un torneo con el colegio Don Bosco y se quedó. “Ahí me contrataron para que jugara con ellos,aunque no estudiaba ahí (en el colegio)”, expresa. A fuerza de goles se ganó la confianza del entrenador del Don Bosco y le dieron la oportunidad de que jugara en la selección de la institución Salesiana, adonde logró graduarse de bachiller.

El salto “profesional”

Ya a los 16 años, y tras haber demostrado su olfato goleador en los estudiantiles lo vieron los directivos de El Roble de Ilobasco. Le pidieron al entrenador del equipo muñequero, Andrés “el doctorcito” Huezo, su padre, que lo contratara.

“Llegué ahí, no por mi papá; al contrario, él no quería porque estaba muy cipote, 16 años, pero al final lo convencieron”, confesó.
Con los muñequeros peleó la final del Ascenso de la temporada 1976-77 contra el Santiagueño, pero lastimosamente la perdió y el equipo de Santa Rosa de Lima logró subir a Primera.

La siguiente temporada se marchó al equipo de la Universidad Centroamericana “José SimeónCañas” (UCA) y volvió adisputar una final, esta vez contra el Once Lobos de Chalchuapa, pero la volvió a perder.
Sinembargo,yalos ojos de los equipos de Primera estaban sobre él. Dio la fortuna que en su formación como profesor de educación física se encontrara con Armando Contreras Palma, en ese entonces técnico del Atlético Marte, quien le abrió las puertas del equipo marciano, en el
que se quedó toda su vida deportiva, hasta que se retiró. Años de gloria Ahí, con los “Bombarderos”, le llegó el éxito. Ahí, también, dejó su vida como futbolista, pues no vistió otra camiseta más que la azul en toda su carrera. Con las marcianos ganó los campeonatos
nacionales de 1980, 1982 y 1985 y además un campeonato de goleo. Ahí también consiguió los mejores amigos en el deporte, esos que se precia de mantenerlos aun en estos días.Tanto que no se atreve a mencionarlos porque no quiere dejar de lado a ninguno, “porque todos fueron importantes para mí. Me enseñaron y me ayudaron mucho”.
También Will Huezo dejó su calidad en selecciones nacionales. Lastimosamente ahí no le fue como él hubiera querido, pero sí aportó con goles, como él sabía hacerlo. “Estuve en las selecciones Sub 19, en la Olímpica Sub 23 y en las eliminatorias para el Mundial del 86 con la Mayor”, cuenta con la sonrisa en los labios. Aunque dice no tener rencor, sí recuerda a un rival de una manera muy especial. “El Coco Mendoza, que me dejó una seña (muestra el pómulo izquierdo) cuando me pegó con el puño cerrado, me vi sangre y lo seguí y me las desquité. Es al que más recuerdo, pero por este golpe”, y la carcajada espontánea sale.
Nunca dejó de sonreír, nunca se le fue el brillo de sus ojos al recordar su época de futbolista. Y es que, como él dice: “antes se le ponían más ganas, se jugaba con más amor a la camisa y no tanto por lo que ganaba uno, porque aunque sean cien pesos uno se los ganaba”.
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