lunes, 20 de agosto de 2012

Campeon 1985




El 25 de diciembre de 1985 es la fecha en la que el Atlético Marte obtuvo su último título de primera división, el octavo, al derrotar en el partido definitorio al Alianza por 5-2 en un partido que se alargó a 120 minutos al haber terminado 3-2, a favor de los marcianos, en tiempo regular, resultado que emparejaba la serie ya que el Alianza había ganado el último partido por 5-3.
El Atlético Marte no contó con varios jugadores titulares expulsados en la jornada precedente, como José Luis Rugamas, Alfredo Fagoaga, Marcial Turcios, santana Cartagena, entre otros, pero el concurso de jugadores como Danilo Blanco, Guillermo Lorenzana Ragazone, Nelson Escobar, sustituyendo a los suspendidos, más la gran labor de los uruguayos Raúl Esnal y Mario Figueroa, y los nacional Norberto Huezo, Salomón Campos, Mauricio Perla y Carlos Meléndez, entre otros, bastó para obtener la octava corona, misma que el equipo capitalino alcanzó incluso terminando este encuentro con nueve hombres, al haber sido expulsados Salomón Campos y William "el Pony" Rosales.
Los goles del triunfo marciano fueron obra de Salomón Campos Mezquita, Norberto Huezo, Mario Figueroa (2) y Wilfredo Huezo.






Sólo una vez en la historia del fútbol salvadoreño se definió un campeonato de liga en el día de Navidad; y la final de la Navidad conserva su pedestal particular. Fue, en su concepción, y es, un cuatro de siglo más tarde, la única definición de una campeonato de la liga mayor del fútbol salvadoreño disputada un 25 de diciembre. Un caso único, y por eso, memorable.

El formato que utilizaba antes la Primera División para decidir a sus campeones, acabó con el Alianza de líder. El Marte, por haber sido puntero en la campaña regular, de 27 jornadas, tenía derecho a disputar una final con los albos.

Esa definición se planeó a dos partidos, en los domingos 22 y 29 de diciembre. Pero después de la primera final, ganada por el Alianza 5-3, los directivos se dieron cuenta tarde (hay cosas que nunca cambian) de que el estadio Cuscatlán estaba ocupado para el fin de semana siguiente. La solución fue adelantar la segunda final para el miércoles 25 de diciembre.

Y así se hizo. Por eso, en mero 24 de diciembre, los planteles estaban concentrados; el Atlético Marte, en el hotel Alameda, en plena Roosevelt; el Alianza, en el hotel Vista al Lago, en el lago de Ilopango.
Los protagonistas recuerdan esa noche por el contraste de ver pasar una Navidad fuera de casa y al mismo tiempo dedicar toda energía en preparar un duelo por la corona. 


Hubo entrenamientos cortos, tiempo libre repartido entre música, naipes, visitas tardías de familiares y una cena ligera entre compañeros. Eran años preinternet, en los cuales para comunicarse había que hablar con el de al lado.

A los jugadores extranjeros, todos recién llegados esa campaña, les tocaba acostumbrarse a la pólvora despilfarrada en las noches de fiesta nacional.
Y los aficionados comenzaron a discutir pronósticos en una noche inusual. El Salvador vivía entonces una guerra, pero el fútbol siempre fue el pretexto más efectivo para pactar treguas, para pensar en nada más en el juego, en sus detalles y en su inolvidable folclor.

EL FÚTBOL NACIONAL
La Primera División era entonces, como ahora, una institución inestable. Los campeonatos cambiaban de forma muy seguido, los equipos sumaban y despedían jugadores y técnicos a un ritmo mucho más frenético que el actual, y había pocas reglas sobre el mercado de transferencias, sobre todo en cuando a extranjeros.
No todos los equipos se vendían de otra manera que no fuera con la venta de entradas al estadio. No todos los clubes tenían patrocinadores en sus camisas. El Alianza finalista tenía el logo de la empresa TACA; el Marte portaba sólo su logo y sus siete estrellas.
La televisión no era un vehículo exprimido en el área comercial, como sí lo era la radio. Existía en el mundillo del balompié local aquella máxima popular que decía que, “si un partido lo dan por la tele, la gente ya no va al estadio”. 

La final entre el Marte y el Alianza, sin embargo, sí fue televisada. La transmisión estuvo a cargo de canal 12, empresa que había nacido apenas unos años atrás, como única alternativa a la Telecorporación Salvadoreña y a la Televisión Educativa.
En la cancha también se veían cosas que desaparecieron con el tiempo. Por ejemplo, jugadores con las medias caídas, aquella moda setentera, tan popular en el mundo al ver que las grandes estrellas de las selecciones mundialistas hacían golazos con sus chimpinillas desprotegidas.

En la final de 1985, jugadores como Carlos Reyes y Ramón “el Primi” Maradiaga, disputaron esa final con las medias abajo. Y los árbitros, como era costumbre antes de los 90, vestían exclusivamente de negro.

Por último el estadio Cuscatlán era todavía una estructura gris y con pocas sillas de plástico. No había asientos en las tribunas (apenas separaciones metálicas) y las paredes del escenario no tenían la pintura amarilla y roya, con el tono extraño de la actualidad. No todo lo nuevo es bueno.
LOS EQUIPOS
El Atlético Marte tuvo en la temporada de 1985 uno de sus mejores años en la cancha. El director técnico Armando Contreras Palma llevaba ya cinco años al mando de la plantilla, y había sido campeón nacional dos veces y una vez subcampeón de la Copa CONCACAF con puros jugadores salvadoreños (el último plantel en lograr tal hazaña).
Contaba con una columna vertebral de jugadores mundialistas con la selección salvadoreña: Ramón Fagoaga, en la defensa; José Luis Rugamas, en el medio campo; José María “el Mandingo” Rivas y Guillermo Lorenzana Ragazzone, adelante.
Además, el joven arquero Carlos “el Cacho” Meléndez ya tenía varios años de experiencia en la liga mayor; los zagueros Marcial Turcios, William Rosales y Nelson Escobar formaron una línea respetable; y del medio campo para arriba había elementos versátiles como Mauricio Perla, Santana Cartagena, Danilo Blanco, Salomón Campos y Will Huezo; casi todos habían ganado con el Marte las coronas domésticas en las campañas 1980-81 y 1982.


Con esa base, el Marte inició la temporada, el 21 de abril de 1985, de forma arrolladora: se mantuvo invicto en las primeras 20 jornadas, con 10 victorias y 10 empates. 
Cuando el Chalatenango le quitó la imbatibilidad, el 15 de septiembre, por la fecha 21, los bombarderos ya comandaban con autoridad el circuito, y no peligraba en lo mínimo su boleto a la postemporada.
La dirigencia marciana, sin embargo, deseaba aprovechar la anarquía en el mercado de transferencias de la época, y en medio del torneo comenzó a buscar refuerzos extranjeros.
El primero de ellos llegó de sorpresa. El delantero uruguayo Mario Figueroa tenía varios años de jugar en Centroamérica. Militó en el Olimpia, de Honduras, y formaba parte del Saprissa tico cuando el técnico Julio Escobar lo quiso traer al Águila. Figueroa vino al país a unirse al cuadro migueleño, pero al mismo tiempo Escobar fue despedido, y el sudamericano decidió quedarse en El Salvador, pero en el Marte. 
Figueroa debutó en la segunda vuelta del campeonato, y no faltó a ningún partido del resto del torneo. Formó de inmediato una poderosa dupla de ataque con “el Mandingo” Rivas que fue mejorando fecha tras fecha y alcanzó su mejor momento en la cuadrangular final.

La última línea azul, formada por el arquero Meléndez, los extremos Turcios y Rosales, más los centrales Ramón Fagoaga y Escobar, no permitió que ningún equipo le anotara más de dos goles al Marte en toda la campaña regular.


Este cuarteto sufrió un cambió en la jornada 27, cuando los popes marcianos contrataron al central uruguayo Raúl Esnal, quien venía del Aurora, de Guatemala. Esnal, un jugador sobrio y seguro, era precedido por su medalla de campeón de la Copa América de 1983, ganada por la selección uruguaya,

en la cual compartió plantel con Enzo Francéscoli, Nelson Gutiérrez y Fernando Morena.
En el Marte, Esnal desplazó a Nelson Escobar a la banca. El tiempo iba a probar que todos los minutos que Escobar sumó en la temporada servirían en el momento más oportuno.

Por fin, en la segunda fecha de la cuadrangular final, cuando el Marte superó al Águila 2-1, se unió la última pieza del plantel: Norberto “el Pajarito” Huezo, capitán de la selección nacional de El Salvador.

Huezo, quien venía entonces de la segunda división de España, ya había jugado muchos años en el Marte de los 70, y conocía bien al equipo y a sus nuevos compañeros. El jugador sacrificado con la llegada del “Pajarito” fue Danilo Blanco; pero como pasaría con Escobar, el hecho que Blanco fue titular durante casi toda la campaña le iba a ser de ayuda al equipo.

Con ellos, el estilo del Marte era el de un equipo dominante. Tocaba el balón a ras de piso, intentaba primero llegar con paredes por centro antes de lanzarse a una llegada por los costados, y sabía ejecutar los contragolpes a toda velocidad.

EL ALIANZA

El plantel albo era un caso distinto al del Marte. No gozó de la presencia de un solo director técnico durante esa campaña. su primer míster fue Ricardo Mena Laguán, y en medio del campeonato, los directivos lo reemplazaron con el argentino Juan Quartarone. 


Apenas un año antes, Quartarone había hecho campeón al FAS con un fútbol vistoso; el cuadro tigrillo lo despidió a medio circuito de 1985, y el Alianza lo incorporó a su plantel.


El plantel albo, por su parte, estaba lleno de jóvenes. Jugadores como William Rosales Santillana, Carlos Medrano, Juan Ramón Pacheco, Julio Palacios Lozano y Joaquín Canales, todos futuros multicampeones con el Alianza, estaban en pleno ascenso, pero carecían de la regularidad de un plantel experto.


A media marcha, la directiva paquiderma contrató a los atacantes uruguayos Carlos Reyes y Rubén Alonso; luego añadieron al hondureño Ramón “el Primitivo” Maradiaga, un mundialista que realizó casi toda su ilustre carrera en las canchas de la liga salvadoreña.


A los albos les alcanzó el talento para clasificar a la cuadrangular en tercer puesto; perdieron siete partidos; el Atl{etico Marte, apenas dos. Pero el impulso de sus grandes figuras hizo que el Alianza se creciera en la recta final, y superó al Marte por puntos en la definición del campeonato, a pesar de que albos y azules empataron sin goles sus dos choques en la postemporada.


En el primer partido final el 22 de diciembre, el Alianza jugó su mejor partido de la temporada. El Marte tuvo su peor día.


Con dos goles de Rubén Alonso, uno del “Primi” Maradiaga, uno del defensa Biegler y uno de “Kin” Canales, el Alianza aplastó al Marte 5-3; por los bombarderos descontaron “el Chelís” Rugamas y “el Pajarito” Huezo, en dos ocasiones.


Pero lo peor para el Marte fue el recorte que sufrió en su plantel tras la primera final. Entre expulsiones y lesiones, el técnico Contreras Palma se quedó sin José Luis Rugamas, Marcial Turcios y Ramón Fagoaga. Es decir, perdía a los líderes del equipo dentro de la cancha, aquellos que sabían dominar un trámite tan complejo como es una final de campeonato.

El Alianza parecía, entonces, el gran favorito para ganar el título. Y su afición lo entendió así. Los albos de 1985 se habían transformado en un equipo especial. Habían pasado 18 años sin que el Alianza fuera campeón. Quedó en segundo lugar en 1971, 1973, 1976 y 1979; cuatro subcampeonatos que impacientaban todavía más a los fieles blancos.
En la tarde de aquel 25 de diciembre de 1985, el estadio Cuscatlán vio cómo se llenaron sus tribunas populares; apenas se vieron vacíos en sombra norte, y casi todos los presentes vestían de blanco, querían ver de nuevo al Alianza campeón.

LA FINAL

El técnico Contreras Palma resolvió el dilema de los ausentes de la mejor forma posible. Reincorporó a Nelson Escobar y a Danilo Blanco al 11 titular. Ambos daban la garantía de haber sido titulares por la mayoría de jornadas ligueras.


En la banda izquierda, el sector de Turcios, fue improvisado el contención Mauricio Perla, pero no de una forma estática.


El delantero Lorenzana Ragazzone bajó a la media cancha, junto al “Pájaro” Huezo y Salomón Campos Mezquita, para asistir a los dos delanteros, Rivas y Mario Figueroa.


En el ecuador del 11, Huezo asumió el liderato. Fue él quien manejó los hilos del equipo, el que dictó por donde circulaba la pelota y quien cobró las faltas con un gran criterio. La mayor parte de ese encuentro, la pelota perteneció al Atlético Marte.


Las respuestas del Alianza pasaban por la misma línea estratégica, aunque con diferentes intérpretes.


La última línea blanca, que debía proteger a Rosales Santillana, estaba compuesta por “la Llanta” Medrano, lateral derecho; Óscar Biegler y “el Mudo” Rodríguez en el centro; y Merino Barquero, lateral izquierdo con mucha subida.

Adelante de estos cuatro, un medio de marca, José Antonio García Prieto, capaz de robar balones y distribuirlos con la misma eficacia.
Y los goles los buscaban entre cinco: Maradiaga, por la izquierda; Reyes, por la derecha; Palacios Lozano y Canales por todo el frente de ataque; y Alonso de delantero centro.
Todo esto produjo un partido de toque, de permanentes combinaciones, y jugadas pausadas, pensadas, reflexionadas. El desborde por las bandas fue la última opción, porque había talento para hacer paredes.

LA DIFERENCIA

El Marte comenzó ganando cuando las marcas blancas comenzaron a parecer nerviosas.
Apenas al minuto 9, una falta del “Mudo” Rodríguez sobre Figueroa dio paso a una jugada de laboratorio, bien ejecutada por “el Pajarito” Huezo, quien habilitó a Salomón Campos.


Las repeticiones televisivas no muestran si Campos toca el balón en el área; lo cierto es que la pelota dio un rebote y superó al arquero Rosales Santillana.


Diez minutos después del 1-0, Huezo realizó un genial pase en produndida al “Mandingo” Rivas, y dejó al delantero frente a frente con rosales Santillana, y el guardameta lo derribó; fue penalti. El mismo Huezo lo ejecutó: 2-0.


Demasiado temprano en el partido, el Marte estaba 2-0 goles arriba. El Alianza necesitaba realizar una remontada insólita para quedar campeón.


¡VAMOS, BLANCOS!
Impulsado por la expectativa, la afición los 18 años sin títulos y su juventud, los albos comenzaron a controlar el balón la mayor parte del tiempo, pero su despliegue careció de profundidad.
Todo el Marte, especialmente los jugadores que salieron de emergencia, realizaron un desgaste defensivo agresivo, insistente y admirable. Ese deseo los llevó a veces a pasarse de la raya, y por eso Rosales fue expulsado quizá cuando sus compañeros más lo necesitaban.
Entonces, los veteranos del Marte impusieron su paciencia, regalaron el balón y cedieron metros den al cancha.
El Alianza descontó, gracias a un tanto de “Kin” Canales, pero tuvo que seguir avanzando para lograr el empate, y cuando más cerca parecía de lograrlo, el cuadro bandera aplicó una estocada letal.
En un despeje largo del “Cacho” Meléndez, Mario Figueroa encontró un boquete entre los zagueros blancos, y en carrera superó al último hombre, Biegler, y le cruzó la pelota a Rosales Santillana. No fue solamente un tanto brillante para la final de la Navidad; fue uno de los mejores goles en la historia de las finales nacionales.

El 3-1 casi aseguró el triunfo. Los 90 minutos acabaron 3-2. Por las reglas del campeonato, no se tomaba en cuenta de inicio la diferencia de goles. La balanza acordada indicaba que ambos equipos acabaron los dos encuentros igualados en puntos; debía entonces jugarse un alargue de 30 minutos, para que alguno quebrara el empate.

El Marte no tuvo que esperar demasiado. Apenas al inicio del tiempo extra, Figueroa marcó el 4-2; y casi de inmediato, Will Huezo, quien había ingresado de cambio por Danilo Blanco, estiró las diferencias a un 5-2.
El Alianza siguió atacando hasta el final de los 120 minutos, pero el marcador ya no se movió. Los albos no aprovecharon ni el hecho que el Marte se quedó al final con nueve hombres, por la expulsión de Salomón Campos. La balanza de goles y el duelo mental ya lo había ganado el Marte, y cuando Ortiz Cardoza pitó el final, los aficionados azules celebraron uno de los triunfos más dulces e inolvidables de su historia.

Con la perspectiva de un cuarto de siglo, las imágenes que evoca la final de la Navidad proponen un contraste evidente con el fútbol actual, tanto en la industria como en el estilo.

El fútbol nacional cambió poco a poco después de aquel partido, tanto para la liga mayor como para ambos equipos.
El Marte cantó uno de sus últimos alirones aquella tarde. Poco después, ese plantel comenzó a ser desmembrado. Los jugadores veteranos no fueron reemplazados de forma adecuada, y el equipo nunca más volvió a rescatar aquel estilo de armar planteles exclusivamente con jugadores nacionales.

El último gran cuadro del Atlético Marte fue el campeón de la Recopa de CONCACAF de 1992; después, con el abandono de sus directivas tradicionales, que se hallaban en el Ejécito (una de las instituciones que más cambiaron con el final de la guerra, en 1992), su luz en la primera división se fue apagando hasta que chocó con el descenso. Apenas el año pasado logró volver al circuito mayor.

Aquella generación del Alianza vio premiado su esfuerzo recién al torneo siguiente, el de 1986-87, cuando los albos fueron campeones. Santillana, Medrano, Pacheco, Palacios y Canales también fueron campeones con el Alianza tres años más tarde, en 1990; “Kin” incluso celebró su última vuelta olímpica de blanco en 1997, ya como un veterano de más de una década en la liga. Aquella fue una de las generaciones más exitosas del club.
Aquel sistema de cuadrangulares, que medía a los cuatro mejores de la temporada regular en una liguilla, sobrevivió hasta 1994; en 1995, las semifinales llegaron para quedarse.
Y en cuanto a las transferencias a medio torneo, las nuevas reglas del mercado le impiden a los equipos sumar nuevos elementos a menos que uno de sus jugadores inscritos no pueda ejercer por fuerza mayor.


El Salvador ya no es, además, uno de los mercados futbolísticos más atractivos de Centroamérica en cuanto a sueldos, superado por Honduras, Costa Rica y Guatemala.


Ahora, las camisetas de los equipos venden anuncios hasta su último hilo.
Las chimpinilleras no dejan que haya más jugadores con las medias caídas.


FICHA DEL PARTIDO
ATLÉTICO MARTE
1. Carlos Meléndez
4. William Rosales
18. Raúl Esnal
14. Nelson Escobar
13. Mauricio Perla
11. Salomón Campos
12. Danilo Blanco
24. Norberto Huezo
7. Guillermo Ragazzone
9. José María Rivas
6. Mario Figueroa

Cambios
10. Will Huezo x Blanco
20. Herbert Jaco x Figueroa
Técnico: Armando Contreras Palma

ALIANZA FC
1. William Rosales Santillana
12. Carlos Medrano
3. Alejandro Biegler
6. Óscar Rodríguez
13. Carlos Merino
7. Antonio García Prieto
23. Ramón Maradiaga
16. Julio Palacios Lozano
22. Carlos Reyes
20. Rubén Alonso
10. Joaquín Canales
Cambios
21. Juan Ramón Pacheco x Maradiaga
25. Salvador Moreno x Merino
Técnico: Juan Quartarone

GOLES:
ATLÉTICO MARTE: (1-0) Salomón Campos (9’), (2-0) N. Huezo (18’, penalti), (3-1) Mario Figueroa (74’), (4-2) Mario Figueroa (93’), (5-2) W. Huezo (112’)

ALIANZA FC: (2-1) Canales (54’), (3-2) Biegler (81’)
ÁRBITRO:
Carlos Ortiz Cardoza. Amonestó a Rosales, Perla, W. Huezo, del Marte; Canales, del Alianza. Expulsó a Rosales y a Campos, del Marte.

ESTADIO: Cuscatlán, San Salvador.

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