viernes, 10 de enero de 2014

Las Vegas fue su ciudad durante los últimos nueve años, tras su abrupto final en el fútbol. "Me llamaron de un equipo y me fui para allá sin pensarlo. De ahí cerré los ojos y se me hicieron casi nueve años", cuenta Carlos Castro Borja, más conocido como el Papo, de paso por El Salvador, país al que no visitaba desde aquel momento, allá por 2002.


Tras una extensa carrera, un incidente marcó su retiro de la actividad. Y fue fiel a su estilo, el de un jugador que no se guardaba nada dentro de la cancha: "Estaba jugando en San Salvador y me sacaron la roja. De bronca, se la manoteé al árbitro, lo quise agarrar y me quedó la escarapela. Me dieron seis meses de suspensión... Fue el final". Un Papo auténtico rememora la jugada que le dio paso a su etapa posfútbol, nada menos que en Las Vegas.

–Papo, para el que conoce esa ciudad sólo por la TV y sus "leyendas", ¿cómo es realmente vivir en esa ciudad tan especial?

–Uhhh, el día es la noche y la noche es el día. Se vive las 24 horas, una ciudad que no duerme. Y todo lo que pasa en Las Vegas, allí se queda. Es la ciudad del pecado...

Consciente de los "peligros y tentaciones" de La Vegas, Castro Borja cuenta la receta para sobrevivir: "Hay que aislarse del mundo del juego. Para tener dinero, no tenés que jugar en los casinos. El que vive en Las Vegas lo tiene muy claro: no debe jugar. El que juega, es el que llega de afuera. Te llegás a enviciar con el juego y perdés todo, hasta la casa. Y mucha gente lo hace". Y continúa su relato : "Es un lugar bien liberal, debés tener mente abierta. Vivía enfrente del Mandalay Bay, que tiene una playa artificial con olas artificiales. Por suerte, yo no tomo ni fumo. Y, por la responsabilidad con mi trabajo tenía que madrugar..."

El ex volante de la Selecta cuenta cómo vivió todos estos años: "Empecé trabajando como unos cinco años en casinos y luego trabajé otros cuatro con la filial del Cruz Azul, enseñándoles fútbol a los niños. En los casinos, movíamos las máquinas de un lugar para otro, un trabajo delicado porque no se lo pueden dar a cualquier empresa".

–O sea, no jugabas pero conociste todos los casinos.

–Je, je. Es cierto, pero por suerte estaba el fútbol. Jugaba en el San Francisco, me pagaban el ticket de Las Vegas para San José y allí compartíamos equipos con Hugo Pérez, Chirolón Burgos, Joaquín Salazar, el mexicano Paco Uribe.

También sorprende que en Las Vegas haya lugar para escuelas de fútbol. "Sí, hay varias –cuenta Papo– y a mí me convocaron para el Cruz Azul por las referencias de un árbitro mexicano que me había pitado en un partido de El Salvador".

Papo regresó y siente el cariño de su gente. "Es increíble que todavía se acuerden de mí", dice con humildad, su otra gran cualidad que ni el tiempo ni Las Vegas pudieron cambiar.
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