lunes, 20 de enero de 2014



Que se fue Mazzia: que juegue Christopher Ramírez. Que se fue Aldave: que juegue Castellanos. Que Tejeda vino tarde a pretemporada: que juegue “el Bocho” García. Cuando un equipo sabe a lo que juega, el grupo vale más que cualquier nombre. Le quitaran goleadores, se quedara sin extranjeros y hasta alguno llegara tarde a la pretemporada. Pero a la hora de jugar, el grupo sale adelante. Ese es Atlético Marte.

Lo contrario es cuando un equipo no lo sabe. Por muchas caras nuevas, por muchas figuras y por mucho talento, la suma de factores en el fútbol sí altera el resultado y lo que le pasa es lo que le sucedió a Firpo ayer. Marte lo borró del planeta. Le dio una estocada en el camino al descenso.

Seis. Seis fueron los goles que el plantel carabinero clavó en el toro, cual verdugo sin piedad de un Firpo que jugó sin alma y sin mostrar la más mínima capacidad de respuesta a un Marte que sigue a lo suyo, a lo que lo mantuvo invicto 17 jornadas y lo hizo líder el torneo anterior: al toque y al orden, y ahora que le faltan figuras, que aparezcan los obreros.

Y Marte tiene de sobra. Recogiendo el testigo del peso ofensivo apareció Christopher Ramírez, con un doblete en jugadas de delantero nato, aprovechando balones sueltos que dejó Juan José Gómez; y manteniendo el pistón aceitado para darle fluidez al juego por las bandas se mantuvieron Ibsen Castro y el debutante Milton Rodas.

Simple y sencillamente, los pupilos de Guillermo Rivera desarmaron y desnudaron a los de Ramiro Cepeda, que vio cómo su sector derecho fue una vía libre para el ataque marciano todo el primer tiempo y cómo desde ahí llegaron los tres primeros tantos del partido.

Apenas calentaba el juego, al minuto 5, cuando un error del juvenil César Flores obligó a la falta a Xavi García. Al cobro del tiro libre, Érick Molina le metió un cucharazo que besó el poste y después la red del arco pampero.

Fue un mazazo. Demasiado tempranero para que Firpo reaccionara. Sobre todo porque ocho minutos después, Benítez aprovechó el primer error de la tarde de Juan José Gómez y pescó un balón suelto para solo hundirla en el arco.

Eran menos de 15 minutos y Marte ya vencía 2-0. Más que por los goles, el juego le daba completa sensación de superioridad, llevando la pelota de un lado a otro y sin que los toros pudieran hacer algo.

Lo que hacían era agarrar el esférico y llevarlo al centro cada vez que les anotaban, como volvió a suceder tras el frentazo de Ramírez al centro de Rodas al 43'.

Para entonces, Firpo ya tenía perdido el encuentro. Aún así, Cepeda lo intentó con el ingreso de Léster Blanco, para sumar piernas adelante; y de Diego Chavarría, para blindar el medio campo. Con eso y un descuido marciano le bastó para que Medardo Guevara metiera un cabezazo que picó hasta el fondo de la red.

Descontado el marcador, hubiera pensado en algo más serio de no ser porque Gómez volvió a dejar a medias su vuelo cuatro minutos después, y dejó de nuevo el balón suelto, lo que le permitió a Ramírez anotar su segundo de la tarde.

La goleada y el triunfo marciano estaban completamente sentenciados. Lo que sucedió en los restantes 40 minutos fue el complemento del baile, con Firpo como invitado al ritmo que Marte quiso.

Esa tendencia llevó, por supuesto, a que llegaran más oportunidades. Una, al minuto 70, la aprovechó Henry Escobar, quien tuvo tanta comodidad, solitario dentro del área, que hasta abanicó el esférico en primera instancia y le metió luego el derechazo que pasó debajo del cuerpo del “Halcón” Gómez.

Y finalmente, otra obra de arte para cerrar. En un contragolpe al minuto 86, Rodas tiró una diagonal, Ramírez la pantalla e Ibsen Castro el patadón. Gómez solo agregó la estirada y el gesto de decepción, igual que la afición pampera, incrédula de que su equipo reforzado hubiera jugado hasta peor que como lo hizo el torneo anterior, por lo que el fantasma del descenso se agravó sobre sus espaldas.

Mientras, Marte puede respirar tranquilo. La incógnita de cómo respondería solo con nacionales fue contundente: no se trata de tener extranjeros para ser mejores, se trata del respeto al estilo y a saber a qué se juega para que los resultados lleguen.

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