domingo, 28 de diciembre de 2014

El argentino Rodolfo Baello, apodado en el fútbol como "León", murió este domingo a los 77 años. Su mejor fútbol lo vivió con Atlético Marte y hasta enfrentó al Santos de Pelé.

Llegó a El Salvador en 1968, tras ser recomendado por su compatriota Raúl "Pibe" Vásquez. Se incorporó al equipo marciano, que por entonces era dirigido por Hernán Carrasco. Hizo pareja en la zaga central con Guillermo "Loro" Castro y con su paisano Juan Andrés Ríos.

Ganó dos títulos con Atlético Marte y otro con Juventud Olímpica (1973). También jugó con Águila y Chalatenango. Este domingo será velado en Colonia Los Alpes, Soyapango.

Trabajaba en un rastro y jugaba en el Pirañas el equipo de su barrio; Juan Baello su padre, había llegado a principios del siglo pasado a la Argentina en un viejo barco de su Italia natal y se había afincado en Formosa, provincia limítrofe con Paraguay a mil 170 kilometros de Buenos Aires. 

Se había casado con Evangelista Jara, procreado ocho hijos y viendo que la situación era dificil emprendió el viaje rumbo a la capital. 
La prole encabezada por Rodolfo Baello creció en un entorno poco compensador, Fito había encontrado una manera de vivir y de ayudar al hogar en la industrái frigorífca, una manera de decirle así al destaze.
 Era el año 1964, se echaba los mascones dominicales en una cancha abierta y jugaba como defensa central, su coraje y sus barridas eran motivo de admiración en ese submundo y una tarde de enero tuvieron de espectador a Raúl Pibe Vásquez, oriundo del barrio quien había llegado de vacaciones del extranjero con la misión de conseguir un defensa central. 
El Pibe lo abordó después de aquella jornada y le ofreció un sueldo de cien dólares que al cambio de pesos argentinos se hacía una enorme cantidad.
 Rodolfo no lo pensó tanto y armó sus pocas prendas de vestir y se hizo a la aventura. En el Aeropuerto de Ezeiza su padre se bolseó y le entregó las últimas monedas que andaba y cuando el avión aterrizó en Ilopango se llevó una gran sorpresa pues estaba en Centroamérica y no en Salvador de Bahía como había entendido. 

Pero no le quedaba otra y así se incorporó a las filas del Atlético Marte que era equipo de media tabla. Baello llegó, de entrada lo apodaron el León y le entregó lo mejor de su fútbol a los bombarderos haciendo pareja en la zaga central con Guillermo Castro o con su paisano Juan Andrés Ríos.

A finales de 1968 llegó al equipo don Hernan Carrasco, y pese a su edad avanzada en el fútbol, tenía 29 años, pulió sus condiciones y salió bicampeon con los Mustangs Azules. 

En la zaga central era un baluarte y por arriba no le ganaba nadie. En ese ciclo marcó a grandes jugadores que a nivel internacional enfrentaron al Marte desde Pelé en el Santos, Carlos Reinoso, Gonzalo Fragoso y Enrique Borja del América de México; Leivinha y el Principe Ivair del Portuguesa de Deportes de Brasil, Ermindo Onega y Pinino Más del River Plate de Argentina.

 Cómo jugando en aquel equipo de su barrio marginal iba a alternar con aquellas luminarias del fútbol mundial. En ese entonces las instrucciones del maestro chileno era precisas: dejar que los defensa laterales rivales se vinieran al ataque y que hicieran centros.

 Con Ríos y Baello en la zaga central y con Magaña en el arco era todo un festín para iniciar los contrataques. 
Cuando concluyó su ciclo en el Marte, pasó al Juventud Olímpica, para entonces era una estrella en el firmamento del fútbol nacional y contribuyó a que el equipo azul y oro bajo la dirección de Juan Quartarone ganara el título de 1973 de manera invicta.
 Fito Baello jugó despues en el Águila, de donde en 1976 regresó al Atlético Marte para seguir imponiendo respeto en la zaga central. 

También tuvo un paso por el Chalatenango y ayudo a que los Duros del norte consiguieran el ascenso a la Primera División, tenía más de 40 años y el entusiasmo de un cipote.
Con su retiro se dedicó a entrenar equipos, compró un microbús que solamente le dio problemas, puso un restaurante en la colonia 10 de Septiembre y hasta trabajó de guardarrastros en Mejicanos.

 Luego fue empleado de marcar tarjeta con una institución del ejército hasta que llegaron las nuevas administraciones y lo dejaron cesante. 

En un estilo tan sano de vida Jamás tuvo vicios a menos que su propensión a comprar billetes de lotería, a veces se sacaba una terminación y ello le daba tono para seguir en su rutina hasta que una vez con un amigo se negaron a comprar un billete que después resultó ser el premio mayor, pero que fue a otras manos.

 Rodolfo lo tomó a broma pero su amigo se frustró tanto que se quitó la vida. Hasta hace unos tres años el León pasaba sus días otoñales con su esposa María Isabel y su hijo Alexis, cuando comenzaron sus problemas de salud. 

Entonces le tocó vivir un calvario, hacer un peregrinaje por diversos hospitales; sufrió varios derrames cerebrales que lo minaron y lo condenaron a estar postrado en una cama. 

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