sábado, 25 de abril de 2015

Fue un jugador a quien el dios del fútbol dotó de un olfato especial para el gol, que vivió rápidamente y al que la vida no alcanzó a comprender.

 Sergio Tabudo Méndez siempre tuvo compañeros que trabajaron para habilitarlo y él con su oportunismo y su capacidad para pegarle a la pelota con ambas piernas, su elevada estatura y su buen cabeceo transformaba cada servicio en goles. 

En el Águila fueron Juan Francisco Cariota Barraza, Juan Máquina Merlos, Raúl Corcio Zavaleta; en el Marte, Mauricio Pachín González y en la selección nacional Mario Monge y Mauricio Pipo Rodríguez.
Nació el 14 de febrero de 1942 en Santa Elena, Usulután de ahí lo de tabudo y siempre se mostró orgulloso de sus orígenes. 

Con sus goles y su forma de ser, Sergio produjo un fenómeno acaso destinado para los grandes de trascender más allá de su muerte. 

Se inició en el Vencedor de su ciudad natal y desde sus albores dio muestras de esa capacidad para golear, cada domingo era la gran atracción por corajudo, pateador y oportuno.

Muy luego los aguiluchos se lo llevaron y como si nada, también allí siguió su producción.

 Para entonces combinaba su naciente profesión de futbolista con su vocación magisterial y daba clases en la escuela “Dolores C. Retes” de la metrópolis migueleña. 

Con el Águila ganó dos títulos, en dos veces se coronó como máximo romperredes y su nombre se regó por el país futbolero.

En 1965 don Hernán Carrasco lo llamó a la selección nacional que disputó el II Norceca en Guatemala y al año siguiente apareció en el Atlético Marte donde luego de una serie de reclamos por anomalías en su transferencia comenzó a meter goles en cantidades industriales.
 Era extrovertido, receloso y de una alegría contagiante que alternaba con momentos de aislamiento. 
Muy luego consiguió gran popularidad y no llegó a ser ídolo por culpa propia pues abundaban los que llegaban a azuzarlo porque no le aguantaban sus desplantes, pero todos sabían que donde jugara Sergio Méndez abundaban los goles. 

Es que podía pasar ignorado durante casi todo el partido pero en un santiamén sorprendía; a menudo se ponía deliberadamente en fuera de lugar y hasta parecía ridículo, pero se las arreglaba para quedar en posición legal y anotaba; es que en la cancha padecía de un egocentrismo funcional y fuera de ella una inconsistencia afectiva que lo llevaba a ser un picaflor, tal como lo entendemos los salvadoreños.

En una ocasión el Marte perdía por la mínima diferencia ante el Adler y los defensas Ricardo Ruballo, Chepe Panameño y José Luis Choco Contreras se burlaban de él. 
Sobre el final, el árbitro pitó un tiro libre como a diez métros del área grande. Entoces Sergio tomó el balón y exclamó: “¡en esa esquina la voy a meter!”; dicho y hecho, sacó un obús y cumplió su promesa, de manera que el arquero Chino Quintanilla no pudo detenerlo y el Tabudo corrió desaforadamente para gritarlo a quienes lo azuzaban.
También llegó a tener mucha fama de que cuando ganaba se agrandaba, eso le ocurría cuando tomaba revancha de sus detractores.
 En 1968 fue a las Olimpiadas de México y dos años después asistió al Mundial 70, por cierto que previo a la competencia se negó a salir ante una expulsión en partido amistoso y eso casi le cuesta no viajar a México. 
En una ocasión el Marte andaba de gira por Guatemala y esa tarde en Il Giardino, restaurante propiedad del entrenador italiano José Rossini departían varios parroquianos entre quienes estaban Raúl Magaña y el periodista italo guatemalteco Mario Ferreti.
 En eso llegó el Tabudo y Magaña cerrándole el ojo a Ferreti le expresó:“¿Mario, ya había escuchado hablar de Sergio Méndez”, a lo que el periodista replicó “ni idea de quien es”. 
Sergio se sintió acicateado en el amor propio y replicó “ya pronto sabrá de mí”.
El siguiente domingo le hizo tres goles al Comunicaciones y luego dos al Cementos Novella. Ferreti escribió “lo que define por excelencia a Sergio Méndez, es su potencia física, su capacidad para asimilar fuertes marcas, la vitalidad desbordante y por sobre todo su cuota de gol”. 
El Tabudo se dió gusto anotando en su carrera pero fue a los equipos guatemaltecos a los que más castigó e incluso tuvo un paso por el Comunicaciones.
 Con equipos hasta 1970 anotó 83 goles en 141 partidos. Y con la selección su carrera culminó en 1974, con 27 partidos jugados y 14 goles anotados. 
En 1976 regresó al Aguila contaba 34 años y todavía le quedaban muchos goles por celebrar. 

Ese 18 de noviembre viajaba a entrenar de su ciudad natal a San Miguel cuando su carro derrapó en las curvas de El Delirio y encontró la muerte. 
Su vida que había tenido mucho de espectacular terminaba en un accidente aparatoso. 
Para Sergio Méndez el fútbol fue un constante estar en la vitrina, esa misma que sin llegar a convertirlo en ídolo lo volvió un animador especial de los lugares donde se presentaba y siempre llevando una sonrisa como respuesta a la vida.
Sitio de Atletico Ma
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