lunes, 4 de mayo de 2015

Al Atlético Marte le cae como anillo al dedo la frase que dice: “todo tiempo pasado fue mejor”. De la gloria deportiva de antaño, ha pasado a la miseria y a la catástrofe, en una transición que ha desembocado en una tragedia deportiva. Este domingo le ganó al Dragón 4 goles a 1 pero de nada le sirvió, pues el Pasaquina derrotó por la mínima a la UES y lo mandó a la Segunda División. Ahora deja un lugar a donde un visionario como Raúl Magaña lo llevó. En realidad el Marte ha pasado días de angustia, sus recurrentes campañas lo pusieron a disputar los últimos lugares, navegando en un proceloso río que además de haberlo hundido, terminó por ahogarlo.

Que un equipo así tenga un epílogo tan triste es toda una mala noticia para el mismo fútbol nacional pues su historia es de abolengo y su fracaso debe contemplarse como una siniestra e infortunada desdicha cuya llegada era solamente cuestión de tiempo. Por su origen castrense en el pasado, el equipo azul fue resistido, no obstante a lo largo de la historia los aficionados rivales siempre han respetado su fútbol y su jerarquía, pero en aquellos dorados años, los hombres de uniforme jamás se preocuparon por dotarlo de infraestructura, una sede social, una cancha.

Ellos lo usaron para escalar posiciones en una epoca en que tales circunstancias eran válidas. Luego vino la debacle a esa casta y aparecieron nuevos dirigentes con más buena voluntad que talante dirigencial. Pero llegar al fondo de esa situación es muy difícil pues no fue en un año ni en un mes, ha sido una larga agonía en que ha influido la falta de criterio dirigencial, las decisiones equivocadas en cuanto a dejar ir a los jugadores vitales para que se diera este final tan sospechado.

Por su parte los jugadores han tenido tanta irregularidad, era hasta dramático ver que un domingo cumplían grandes actuaciones y en el siguiente jugaban como que si fueran equipo de barriada y lo que es peor, sin alma.

Asi se perdieron puntos de manera casi infantil. Pero en honor a la verdad y a la justicia cabe preguntarse además si ellos son los principales culpables de sus deficiencias y de su comportamiento profesional o representan apenas el reflejo de su pobre formación, casi autodidácta.

Es que por lo general la fundamentación del futbolista salvadoreño es prácticamente nula, sin un complemento sólido de principios morales o de fortaleza emocional donde desarrolla, a la par que la deficiente preparación físico-atlética, hábitos y conductas equivocadas. En el fondo sorprende que los equipos, en sus políticas de contratación llevan a su dirección técnica no a los que más saben, están mejor capacitados o los más idóneos, sino a los que cobran menos.

En los últimos torneos el Marte se fue quedando sin valores fundamentales, y no hubo una política de reemplazo eficiente de los que se fueron. Cada vez que se marchaba un jugador cundía la alarma entre los seguidores ya que los sustitutos siempre fueron jóvenes inexpertos. Asi no existía la posibilidad de realizar una buena selección de elementos de peso que sumaran y no restaran.

Son muchas las cualidades que deberían aportar llevando como base de sustentación la garra, la entrega, el amor a los colores, sin desdeñar por supuesto la capacidad técnica. Cada vez que destacaba un joven marciano o un extranjero y era pretendido por otro equipo no se hicieron los esfuerzos para retenerlos y fueron cedidos fácilmente. Así se fue cayendo en el debut de principiantes para formarlos sobre la marcha con el goteo de la experiencia y las enseñanzas buenas o malas de los técnicos de turno.

Es triste decirlo, muchos de ellos han fallado en la asimilación de conocimientos, prácticos y teóricos ante maestros de corta capacidad didáctica. Por eso el descenso se veía venir y ha llegado. Este domingo cuando el escenario estaba preparado para la batalla y se le ganaba al Dragón llegaba la noticia del triunfo del Pasaquina. Sus seguidores cumplieron con cantos de amor y lágrimas de tristeza. Con gritos o con un desgarrador silencio, pensando en esos colores azules de toda su vida, hoy caídos en desgracia.
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