martes, 13 de octubre de 2015

Eraldo Correia es un tipo humilde, sencillo, con una forma de ver la vida muy simple. Para el actual entrenador del Águila, nacido hace 59 años en la pequeña ciudad de Timbauba, en Brasil, las cosas no han sido fáciles, y ha tenido que superar muchas adversidades que lo dejaron al borde del colapso. Hoy, con orgullo, asegura que es un hombre nuevo.

El entrenador emplumado  confesó su problema de alcoholismo, que estuvo a punto de destruir su vida, y desea que su testimonio sirva de ejemplo para otras personas.

“Me arrepiento de haber tomado tanto, he sido alcohólico, hubiera tenido una carrera mucho más fructífera, pero los vicios te condenan, por eso acepto que estoy enfermo, algunos lo ven como hipocresía, pero el alcoholismo es una enfermedad.  Es como la diabetes o la presión alta, tengo que estar pendiente de mi condición para no caer”, confesó el entrenador, quien asegura  llegó a condiciones denigrantes por el alcohol.

“A mí me llegaron a ver como lo peor. La sociedad te desprecia, tu propia familia lo hace, por eso digo con orgullo y como un ejemplo de superación para los demás, que se pude dejar. Primero lo reconozco, y segundo lo combato, es una lucha de todos los días”, agregó Correia,  plenamente satisfecho de como superó su padecimiento.

“Es importante mantenerse ocupado, facilita más progresar en la rehabilitación, estar cerca de los seres queridos. Ahora estoy bien con mi familia, dirigiendo al Águila, satisfecho con mi vida, así es difícil caer, pero no me confío, muchos dicen que la cura total no existe. Yo creo que para Dios no hay nada imposible, solo es de tener fuerza de voluntad y pedir ayuda cuando se necesite”, agregó.

Correia considera que los momentos difíciles hacen más propenso al alcohólico a caer; en su caso, siente como punto más bajo cuando fue separado del Águila en el Clausura 2012.

“Cuando me quitaron del Águila caí en lo más bajo del alcohol, entré en una etapa de depresión de la cual busqué la falsa salida, el escape, la falsa alegría del momento. No siento vergüenza de decirlo, al contrario, me alegra porque de esa manera ayudo a otros que están en la misma situación. Es una enfermedad. La diferencia es que si usted tiene cáncer, la gente lo cuida; si usted es bolo, la gente lo desprecia”, explicó.

UN TIPO HUMILDE

Tras considerarse a sí mismo un ejemplo de superación al combatir su problema con el alcohol, Correia demuestra con hechos la humildad que predica. A pesar de ser el entrenador del equipo más popular del país, el brasileño no deja sus raíces, y mantiene una vida austera, sin detalles ostentosos o más allá de lo necesario para subsistir.

Correia vive desde 1978 en Santiago de María, cuando vino a jugar al Santiagueño, desde ese entonces le tomó cariño al pueblo, conoció a su exesposa y formó su familia.

“Yo venía por una temporada. Me fue a traer Roberto Ferreiro (exdirectivo del Santiagueño) a Río de Janeiro, desde que vine me fui enamorando del clima,  la ciudad, el éxito, fui renovando cada año,  ahora puedo decir que soy de aquí. La gente me conoce, no paso hambre, cuando tengo, como; cuando no tengo también como”,  dijo.

“Mis dos hijos viven acá en la ciudad también y tiene sus fuentes de ingreso, uno tiene un restaurante y el otro tiene un agroservicio. En la mañana paso ahí ayudando en las labores, cargando el concentrado, llevando abono, vengo al banco a hacer mandados, si me echan del Águila tengo cómo subsistir, no me avergüenzo del trabajo”, sostuvo Correia.

Él sabe que su puesto es el más inestable. “Todo el tiempo estoy en la cuerda floja, así es el Águila, hay un sector que pide un equipo base, otros quieren que haga cambios, ¿cómo hago? Siempre llego cuando el Águila está mal, porque siento que puedo con el reto”, aseguró.

EN BUS

Otro de los aspectos llamativos de Correia es que no tiene carro, y por eso tiene que viajar en bus casi todos los días desde Santiago de María hasta San Miguel.

“Para mí no tiene nada de malo que el entrenador del Águila viaje en bus hasta los entrenos. Yo soy alguien humilde, desde Santiago de María tomo una coaster hasta Villa El Triunfo, pago una cora, ahí en la carretera pasa la 301 para San Miguel. Ya todos me conocen, cobradores, motoristas, vendedores. Si tengo para el pasaje, voy; y si no tengo también voy, porque la gente me quiere.  Me vengo después del entreno porque duermo mejor en mi casa, y al día siguiente voy de regreso”.

Correia se siente satisfecho con su estilo de vida; es más, dice que siente hasta más seguro viajar en bus que en carro, y explica que es una de las razones por las que nunca fue su intención comprar un vehículo. “Siento que soy muy despistado, no soy muy buen motorista, manejé hace 30 años, ahora con este tráfico me puedo matar”, agregó.

Evidentemente que el entrenador del Águila ande en bus no pasa desapercibido. “La gente me pide autógrafos, tengo que contestar por qué meto a este y  por qué saco al otro. A veces me sacan de mis cabales,  es más fácil cuando ganamos”, sonríe sin falsa alegría, sin enfermedad, 

Eraldo Correia, técnico del águila, aprovechó este reportaje para hablar de su problema con el alcohol. 

Quiere ser testimonio de superación para otros que padecen de un problema similar.

Raul Serrano



Sitio de Atletico Ma
Subscribe to RSS Feed Follow me on Twitter!