sábado, 2 de enero de 2016



Era de esos jugadores que imponía su físico en el área rival. Desde pequeño, ya daba visos de ser un goleador, como él dice, “porque era más grande que los demás niños”, así se escribe la historia de Ramón José Manuel Castillo Funes, el Gato, como lo conocieron sus contemporáneos en Atlético Marte, Chalatenango, Independiente, UES, entre otros, allá por la década de los 80.

Aquel niño que por culpa de un batazo en la frente dejó el béisbol hizo del fútbol su pasión; y del Atlético Marte, su equipo de toda la vida, su ilusión.

En béisbol apenas jugó dos años cuando su padre decidió “sacarlo” después de que un niño le estrellara un bate en la frente cuando iba a recoger una pelota durante un juego. Era el lanzador del Casa Presidencial que entrenaba el gran “Tituya” Renderos en el diamante de la colonia Guatemala.

Estaba pequeño cuando se mudó al fútbol, allá en el Oratorio del Colegio Don Bosco, donde coincidió con el histórico Isaías Choto, el mismo que lo llevaría a debutar en el equipo de sus amores, el Atlético Marte.

Antes de llegar a Primera División, dejó sus goles en la Liga de Ascenso “que era tan buena como jugar en Primera”, como rememora “El Gato” Castillo. Empezó en el Atlante por casualidad, cuenta, “porque no tenían jugadores para inscribir, aunque terminamos jugando de titulares”. Luego pasó al Lincoln, donde salió campeón goleador dos años consecutivos.

En 1976, por medio de don Isaías Choto, recaló en el equipo bombardero. Ahí estuvo dos años, pero no jugaba mucho. Además, sus estudios universitarios también impedían que se dedicara a tiempo completo al fútbol.

Se fue a buscar los minutos que no tenía en Marte a Chalatenango. Fue por un pedido expreso del entonces presidente de la República, General Humberto Romero. Era el año 1979. Con el equipo norteño explotó y se convirtió en el goleador que necesitaba.

Al siguiente año, tras el golpe de estado, hizo maletas para San Vicente para prestar sus servicios al Independiente y luego volvió a Marte para la campaña 81-82.

Nunca fue campeón con el equipo bandera porque “siempre me iba antes de que Marte fuera campeón”, recuerda.

Chalate lo acogió de nuevo en la temporada 83-84 y la UES, en la 86.

El delantero potente poco a poco se fue convirtiendo en mediocampista y por último en defensa central, más por necesidad del equipo que por la edad, confía.

Para 1987 regresa a la Liga de Ascenso para enrolarse en el Brasilia de Suchitoto, donde decide retirarse y dedicarse al negocio de su vida, la confección de zapatos deportivos y uniformes.

¿Qué hace?

Dicen que siempre estuvo ligado a las pelotas de fútbol. De hecho las confeccionó en sus años de juventud al lado de su amado abuelo, en la zapatería “El 44”, allá en la calle Concepción, en San Salvador.

Tras su retiro sacó los títulos de entrenador, pero la pasión por su oficio pudo más. En su época de jugador, combinaba su tiempo con el negocio familiar. Incluso reparaba las pelotas Mikasa que se usaban en ese tiempo y que todos creían era desechables. Cuando no jugaba, se iba al negocio a confeccionar aquellos famosos zapatos de fútbol que llevaban de nombre “Gato Deportes”. Y la tradición sigue en pie.

La familia Castillo continúa en el oficio. Aunque ya no confeccionan calzado deportivo “por falta de materia prima”, ahora hacen uniformes deportivos para todas las ramas. Ahí, en las mismas calles que lo vieron crecer, a 50 metros al sur de la Iglesia Concepción, Manuel “Gato” Castillo, junto con sus hijos y nietos, sigue dedicado a su negocio y oficio.

Volvió a ponerse los tacos para jugar en la Liga Máster, esa misma que reúne a las glorias del fútbol nacional domingo a domingo allá en el estadio Cuscatlán.
Sitio de Atletico Ma
Subscribe to RSS Feed Follow me on Twitter!