miércoles, 12 de enero de 2011


"Estudié psicología, administración de empresas, tengo una maestría en finanzas y soy entrenador de fútbol. Así que cuando a mí me dicen que no se puede, creo que no es así"

Ramón Fagoaga, el defensa central de Atletico Marte y la selección nacional que fue al mundial del 1982







Ramon ala marca.

FAGOAGA HEROE EN HONDURAS RUMBO A ESPAÑA 82





6-11-81: El Salvador 1 Mexico 0 - El juego fue muy equilibrado y a buen ritmo. Pronto, Ever y Jorge inquietaron a la defensa mejicana con llegadas de peligro. Mexico intento lo suyo, pero enfrente tenia un equipo que tapaba todo con Ramon Fagoaga en la defensa,, a pesar de que Aragao (el arbitro) cortaba el juego salvadoren`o y dejaba pasar las infracciones mejicanas, siendo la mas obvia, un claro penal contra Huezo, que solo el arbitro no quiso ver en el estadio de Tegucigalpa. Hugo Sanchez demostro su clase al estrellar tiro en el marco salvadoren`o y el remate fue desviado por nuestra defensa. Mendizabal pateo a Osorto en otra clarisima violacion y el arbitro no reacciono. Osorto tuve que ser sustituido por Arevalo. A los 37 minutos del segundo tiempo, Jorge Gonzalez se lleva a tres rivales y sobre la marcha tira, desviando apenas Prudencio Cortez. Por el otro lado entraban Huezo y Ever Hernandez y este ultimo toma el balon y anota el gol del triunfo, ante el esfuerzo de Vargas po despejar.

Ramon Fagoaga en Marte




¿Cómo empieza su vida en las canchas?

Me encantaba el fútbol, pero por el asma comencé temprano y tarde. Tenía cualidades para el fútbol. En aquella época jugaba descalzo porque sólo me daban para un par de zapatos al año. El asma nunca se quita, pero a los 11 años dejé de tener los síntomas y todos esos padecimientos. Ahí comencé ya en serio. Antes, jugaba de forma intermitente. Pero eso sí, tenía que jugar descalzo porque los zapatos eran para estudiar.




¿Adónde jugaba?

En el Ricaldone. En ese tiempo uno escuchaba misa; a los niños y jóvenes nos reunían, nos daban leche, semita alta y un guineo: era comidas muy buenas. Fue una cosa muy bonita que se dejó de hacer. No sé si aún lo hacen los salesianos. Aquel tiempo ayudó, inclusive, a que a nosotros nos gustaran otras cosas. Eran domingos festivos: Había religiosidad, alimentación y el juego. Teníamos un equipo que se llamaban Pipiles de Víctor Manuel Píchez, el “viejo Píchez” le decían. Ahí jugué la infantil. Mucha gente dice que hay que tener posibilidades o recursos para hacer cosas, yo creo que lo que tú hagas en la vida es tu deseo. Por ejemplo, a mí me daría mucha pena y tristeza que ustedes estuvieran haciendo esto sin que les gustara, siendo tan jóvenes. Es una cosa bonita hacer las cosas porque le gustan. El fútbol creo que es algo que llevo dentro y se me permitió comenzarlo de esa manera: amarlo, sentirlo, disfrutarlo.




¿Y cuánto tiempo dedicaba a jugar?

Me acuerdo que mi mamá me ponía tareas en la casa. En la mañana, tenía que estudiar, hacer tareas, lavar maíz, ir a hacer la masa para las tortillas, llevarla al molino, lavar los platos, barrer y todas esas cosas de la casa que son importantes para que uno se vaya formando. Después de eso podía ir a jugar. Estoy hablando de las 3:30, 4:00 de la tarde hasta que el sol ya se había ido, a las 6:30, 7:00 de la noche. Regresaba bien sudado a buscar la colonia.




¿Con los Pipiles?

No, eso era a diario en Cuscatancigo, donde vivía. En la famosa loma de Cusca. Si ustedes no conocen, creo que se han perdido de bastante (jajajaja). Primero comía, y luego a hacer tareas en la casa, ayudarle a mi papá. Todo eso fue parte de la formación que tuve, eso hace el inicio de lo que uno hace. Así como ustedes han de haber empezado a escribir haciendo cartas de amor… (jajaja).




¿Cuándo se dio cuenta de que quería dedicarse al fútbol?

Mi papá se dio cuenta cuando yo tenía cinco años. Yo le digo Highlander. Él se dio cuenta de eso porque yo no me podía amarrar los zapatos. Cuando llegaba a amarrármelos decía: “El partido va a comenzar pero no ha entrado el gran jugador Ramón Fagoaga, porque hemos tenido un problema muy serio: El papá no ha venido todavía para que le amarre los zapatos”. Me hacía burla para que aprendiera. Cuando tenía cinco años, mi papá decía que yo iba a jugar en la selección de El Salvador. Cuando tuve unos 9 ó 10 años, hipotecó la casa en 100 colones, nosotros éramos una familia pobre, era como hipotecarla ahora en 10 mil colones. Creo que era lo único que le podían dar por ella. Así que la hipotecó para que yo fuera a jugar.




¡Hipotecó la casa para que jugara!

Sí, yo iba a viajar. Me seleccionaron para viajar a Costa Rica y Panamá con los Pipiles. Con ese equipo jugábamos en el torneo nacional al nivel de infanto-juveniles.




¿Así con asma y todo?

Fue algo increíble, tal vez ustedes no lo sepan, pero yo era uno de los jugadores, físicamente, más fuertes aquí en el país. Y eso que, además del asma, soy pies planos, les cuento…




¿Pero no usó zapatos ortopédicos?

No, nunca usé. Por ser pie plano me cansa estar parado y caminar, pero para correr era otra cosa. Para que tengan una idea, jugué 20 años y no sé cómo: soy pie plano, asmático y al inicio jugaba descalzo.




¿Porqué? ¿Lo regañaron alguna vez por jugar calzado?

Por supuesto que sí. En aquel momento, nos compraban unos zapatos que se llamaban “los Vulcanizados de ADOC”. Son los burros que ahora los cipotes se los ponen de moda. En aquel tiempo valían 9.95 colones, y eso era un montón de dinero. Eran los más feos y los que más aguantaban. Siempre he tenido el pie grande, y cuando estaba chiquito era delgado, entonces, para mí era bien difícil: patudo y manejar esos zapatos… yo con zapatos no podía jugar. Incluso, cuando tuve mi primer par para jugar me sentía como se deben sentir las mujeres cuando se ponen tacón alto por primera vez. Me costó y se veía como que nunca había jugado.













¿Y cuando se metió de lleno al fútbol, decidió dejar de estudiar?

No, ¡cuidado! ¡Error! Fijate que mucha gente tiene esa idea equivocada. Todos dicen: o se juega, o se estudia. No comparto eso: tenés que ser disciplinado. En mi casa, habían dos amores: mi papá y mi mamá. Mi papá era un hombre bueno, amoroso y toda la idea de él era que yo jugara fútbol en la selección de El Salvador y que llegara al Atlético Marte, porque era el que le gustaba a él. Era su máxima aspiración, y si yo lograba eso, él iba a estar más que satisfecho. En cambio, mi mamá era amorosa también, pero ella tenía un carácter fuerte. Me exigía y me decía: “Si no estudiás, no vas a comer”. A veces, me las recordaba hasta con el cincho en la mano si era posible.




Entonces cada uno presionaba por su parte

No. Aprendí a equilibrar. Tenía mi horario. Estaban las cosas que tenía que hacer en la casa y el juego. Si quería jugar sin tener objeciones, tenía que cumplirle a mi mamá con el estudio y las tareas en la casa; y a mi papá, en el fútbol.




Era un futbolista estudioso…

Estudié psicología, administración de empresas, tengo una maestría en finanzas y soy entrenador de fútbol. Así que cuando a mí me dicen que no se puede, creo que no es así.




¿Y qué le gusta más de todo eso?

¿De todo lo que hago? Me gusta mucho lo que estoy haciendo, soy director ejecutivo de Funda Madrid. Estamos haciendo un proyecto social muy bonito. Tenemos a casi 600 niños, les damos las bases del fútbol, además de enseñarles valores. Ese es mi trabajo de todos los días. ¡Imaginate! Estoy haciendo algo que me gusta… Me siento realizado.




Usted sí que vive de fútbol

No soy muy aficionado del fútbol. Por ejemplo, en este momento, si tengo algo que hacer, no creás que me muero si hay un partido y lo tengo que ir a ver. No.




¿Pero cuando estaba en la selección no se dedicaba a otra cosa que no fuera jugar?

Trabajaba en el sistema en el gobierno, la selección me daba permiso.




¿Y en su trabajo no lo pusieron a escoger entre el juego y sus labores?

No, porque era el gobierno. Nosotros tuvimos la suerte y eso lo quiero dejar dicho…




¿Que los apoyaba el Gobierno librándolos de horas laborales?

No. A mí me da tristeza, pena y algo de cólera cuando viene un mexicano como Vicente Fernández, que no tengo nada contra él, hasta me gusta cómo canta, pero que no ha hecho nada por el país y le dan una medalla o un reconocimiento los de la Asamblea Legislativa. Nosotros (los jugadores de fútbol) estuvimos aquí y nos quedamos en el tiempo de la guerra. Al estadio iban a vernos los soldados y los guerrilleros. Al menos, en esa parte dura y fea que vivimos, le dimos alegría a nuestro pueblo, y aquí nadie se acuerda de eso. Todos se acuerdan del 10 – 1 que nos metieron en España, pero nadie dice que éramos el número 24 de más de 100 países.




Muy pocas veces se ve eso. Además, era el único país en el mundo, y de todas las épocas, que estaba en guerra y fue al mundial. Y era una guerra, guerra. No es fácil. Es como que la selección de Iraq participara y le ganara a los otros países que no están en guerra y clasificaran para el mundial. Es algo increíble y nosotros lo hicimos. Mirá si alguien se acuerda de eso…







Es que fue un 10 a 1

Pero no fue fácil ir. Nosotros viajábamos por todo el país para jugar. Ese día íbamos, no me acuerdo si para Ahuachapán o a occidente, pero vimos cabezas humanas cortadas, empaladas y puestas en los cercos. Eso es algo de terror, horrorífico. Fue una cosa fea que existía. En esa situación, nosotros fuimos al mundial.




¿Y cómo llegó a la selección?

Jugué en los juveniles, con Pipiles, y a principios del 61, cuando tenía 16 años, me llamaron para El Dragón, que estaba en liga de ascenso. Era centro-delantero y en seis partidos hice como 12 goles. Ahí me vio el Marte. Me acuerdo que fue en el estadio Flor Blanca, que hoy es el “Mágico”. Entonces, ese año me inscribieron en Atlético Marte. El entrenador Carrasco, que trabajaba en ese equipo, no quería que yo estuviera ahí, sino que quería que jugara para otro equipo en donde no tenían jugadores de mi posición. En cambio en Marte había muchos centro-delanteros entre los que habían llegado y los experimentados. Había como ocho. Él me dijo: “es difícil que jugués”. Pero como uno tiene la idea de querer jugar y estás con aquello de que vos querés hacer lo posible. Uno es determinado cuando quiere hacer algo. Entonces dije que me quedaba en el Marte, porque tampoco quería volver a la liga de ascenso. Me quedé a entrenar y entrenar, pero no me ponían.




Y su papá, ¿qué decía?

¡Ah! Él feliz, imaginate: ya estaba jugando en liga mayor y, además en Marte. Jugué 20 años en la liga mayor y 14 en la selección. Tengo un récord en el país: jugué 105 partidos con la selección, creo que ningún jugador tiene tantos partidos.




¿Qué posición le gustaba más?

Delantero.




¿Y ahora, después de toda la trayectoria, sigue siendo la favorita?

Sí. Es que es más bonito, porque se tiene más fama. La gente se acuerda más del que mete los goles y no del que los defiende. Pero me tocó en esa posición, y ni modo. Me tocó jugar de villano. Aquí tengo una fama de ser el más sucio para jugar.




Algo hizo para tener esa fama.

Sí, es cierto, era sucio. Jugaba aplicando mucha psicología. El fútbol, no sé cómo lo juegan ahora, pero para mi la idea era: “yo te quiero ganar a ti y yo te voy a ganar a ti, y puedo ocupar todos los recursos lícitos para ganarte”. Para mí, recursos lícitos son todos los que el árbitro no observa. Pueden ser golpes y todo lo referente a la parte mental, y yo les decía a mis rivales hasta de lo que se iban a morir.




¿?

Lo que pasa es que no se puede poner, creo yo…




¡Cómo no! Sí se puede, se puede. Vaya, imagínese que está jugando contra mí…

Entonces yo te investigo: si sos soltero, casado, qué comés y qué no y si tu mujer o tu novia es algo coqueta o alegre, entonces yo voy y te digo: “mirá, tu mujer se acostó con fulano”, “tu mujer te anda poniendo los cuernos”, y todas esas cosas. Te saco de onda y te enojás.




Es algo sucio, la verdad…

Andaba detrás de vos y te decía “cornudo” y todo lo que se me ocurría. La gente podía pensar: “mirá qué bien se llevan”. Y no, nos andábamos puteando, yo lo andaba siguiendo.




¿Y a los jugadores que conocía?

¡Ah! Con todos era así. Vivo, y eso ponelo, vivo no hay uno que no me haya tenido miedo, vivo y que haya jugado contra mí. No existe pues.




¿Miedo y ganas de pegarle?

Es que lo que pasa es que yo era grande también. Aunque te enojaras, me daba lo mismo porque te podía pegar.




¿Y si le empezaban a decir a usted todas esas cosas?

Me podían decir cosas, pero estaba preparado para eso porque yo lo iniciaba. Nunca me ganaban en eso. Jugué 20 años y nadie me sacó de onda como yo los sacaba a ellos.




¿A quiénes marcó?

A todos, hasta a Maradona, para que te hagás una idea.




¿Y qué le dijo a Maradona?

Era lo mismo. (Sin darle importancia)




¿Usted ya se sentía famoso?

Sí, lo que pasa es que soy de una época en donde los más conocidos son Jorge González, Norberto Huezo, Jaime Rodríguez, porque la gente siempre los quiso mucho. Yo como que no era de los favoritos, pero sí estuve con ellos. Jugamos juntos un montón de años. Pero lo más importante no fue eso. Lo más importante ha sido la convivencia que hemos tenido. Antes de que Jorge (“El Mágico”) se fuera para España, era mi compañero de cuarto. Tuvimos casi como cinco años de ser compañeros.




¿Qué es ser compañero de cuarto de Jorge González?

Bueno, para decirte que me lo ponían no porque él quisiera o yo quisiera.




No era por ser amigos…

No, no somos amigos.




¿Y eso?

Porque la palabra “amigos” es muy fuerte. Sí fuimos compañeros de trabajo, digámosle así.




¿Pero se llevaban bien?

Pues no, creo que nunca me quiso. Yo sí lo quiero a él, pero creo que él nunca me quiso.




¿Y qué le hizo?

Es que a mi me multaban si Jorge González no llegaba a entrenar, porque teníamos un trato. Tenía que llevarlo a las horas que estipulaban. Él era muy dormilón y yo tenía que despertarlo. Todos nos despertábamos a las 6 de la mañana y Jorge no se despertaba a esa hora. Entonces yo lo llevaba.




Jajaja ¿Y cómo hacía para despertarlo?

Con todos los trucos que te podás imaginar, desde decirle por las buenas que se levantara, hasta echarle agua en el hombro. Es que mi trabajo era llevarlo aunque fuera arrastrado.




¿Lo llevó así alguna vez?

Más de alguna vez, sí. No chineado, pero sí arrastrado. Es que no tiene idea, si yo he sido fuerte, lo que pasa es que no se me nota ahora. No me veo muy fuerte. Pero Jorge, físicamente, no podía ponerse a pelear conmigo. Le eché muchas veces agua helada. Él se enojaba y se molestaba mucho.




¿Alguna vez falló en su intento de despertarlo?

Nunca, nunca. Nunca me dieron multa por eso.




¿Y por qué a usted y no a otro?

¡Imaginate vos! (en referencia a su corpulencia y carácter) Los objetivos los lograba. Esa era la idea. Pero también había momentos bonitos. Jorge es una magnífica persona. Es un muchacho con muy buen corazón. Siempre he pensado que tiene un gran corazón.




¿Y con quiénes más estaba?

Ricardo Guevara Mora, que era el portero, con Guayo Hernández también. Los defensas éramos Macora Castillo, Imacasa Resinos, Jaime Rodríguez, Paco Jovel, Miguel Arévalo, Pancho Osorto, su servidor; en el medio campo estaban: José Luis Rugamas, Norberto Huezo, El Pelé Zapata, Hernández, Jorge González, Mandingo Rivas, Silvio Romeo Aquino.







¿Y los grupos de amigos?

No había, nos llevábamos muy bien. Esa era la ventaja: no armábamos grupos. Éramos un equipo sólido, aunque con diferencias, pues, vos sabés que siempre hay gente con la que te llevás mejor que con otros.







¿Usted con quién se llevaba mejor?

Me llevaba con todos. Lo que pasa es que era considerado de los más serios y, a nivel de bromas, yo era poco.




¿Pero apodo sí tenía?

A mí siempre me han dicho “negro”. Me llamaban “negro” o “mudo”, porque, si te das cuenta, soy medio trabado para hablar. Me decían también Fagoaga o Fagua. Mi mujer me dice Fredy y todos me hacen burla porque dicen que no va con mi personalidad…




Era un buen equipo, ¿verdad?

Era un buen equipo. Para mí, sin duda, el mejor equipo de todos los tiempos de El Salvador fuimos nosotros. Estoy seguro, seguro, pero segurísimo. A muchos no les va a gustar los que estoy diciendo, pero creo que teníamos un excelente equipo.




(Llegó el momento de ordenar la comida y todos escogimos. Como el señor Fagoaga no conocía muy bien el menú, de inmediato lo cerró y se lo dio al mesero. “Traeme lo que vos querrás”, le dijo. El mesero le sonrió y le propuso el que a él más le gustaba. “A mí el Napolitano me gusta”, contestó el muchacho refiriéndose a un sándwich. “Entonces ese quiero”, dijo Fagoaga sin darle mayor importancia al asunto y, con un gesto amable, siguió la conversación.)




… Son procesos y momentos, pero son naturales, no es que haya habido mucha formación. Son camadas de ciertos jugadores que nacen por ciertas épocas. En el año que yo llegué a la selección, se fueron varios jugadores. El ciclo del 70, que fue la primera vez que fuimos al Mundial, fue con un grupo que se empezó a formar en el 65 y fueron a los olímpicos del 68 a México. Ese grupito se comenzó a extinguir por el 75 ó 76, que fue cuando comenzamos a entrar los reemplazos, por decirlo así. Del 76 al 82, es como que se van juntando ciertos jugadores de diferentes edades y se forma la selección. Así nacen los equipos, van llegando, entrando y saliendo hasta que se terminan de conformar. En aquella época fuimos al Premundial de México. Ahí comienza a haber una base de la selección que va al 82. Llegamos varios jovencitos. Llegó el Mágico, Rugamas, Huezo, Zapata y llego yo.




¿Fue un proceso técnico lo que ayudó a tener un buen equipo?

No, era natural. En el país nunca ha habido un proceso.




¿Aunque los hubiera entrenado Juan Ramón Paredes o cualquier otro…?

Con cualquiera que nos hubiera entrenado, hubiéramos tenido el mismo resultado. No era un desarrollo, se trataba de un talento natural. Eso es lo que queremos hacer ahora con Funda Madrid. Les damos a los niños una base del fútbol. Nosotros, en la selección, lo tuvimos de una forma empírica. Por ejemplo, con el Pipiles no había entrenos, sólo íbamos a jugar, no había un aprendizaje de los preceptos básicos del fútbol.




¿Entonces no basta con Nenei o… no es talento natural?

Nenei… Es un buen muchacho, pero, mirá, él jugó conmigo. Los años pesan. No tengo nada con los extranjeros, se los juro que no, pero nunca estuve de acuerdo con nacionalizar. ¿Cómo alguien de afuera va a sentir lo mismo que vos sentís por tu país? No es necesario nacionalizar, porque si vienen a jugar para acá y no los llaman en su país es porque, muy buenos, no son.




¿Y los nacionalizados en su época?

Tengo anécdotas sobre eso. En esa época en la que fuimos al pre-mundial de México, nacionalizaron a dos. Los presentaron y los llevaron a la selección. Como siempre, eran cuestiones de componendas y todo eso, porque a los equipos que tenían más seleccionados les daban más dinero. Yo me acerqué a Pichoni y le dije: “mirá, vos no vas a jugar en la selección; no porque yo vaya a actuar de mala fe contigo, sino porque no voy a permitir que jugués. Para que jugués vos, yo me tengo que quedar en la banca y yo no me voy a sentar en la banca. Vos no vas a defender a mi país mejor que yo. Vos no vas a sentir lo que yo siento por mi país. No sé por qué estás aquí. Si lo amás, que bueno, pero no creo que lo defendás mejor que yo”. Y de hecho, no jugó. No lo dejé jugar.




Nunca fui a ponerlo en mal, ni a hablar cosas. No, yo sabía que andaba mejor preparado que él. Entrenaba fuerte y me gané la posición. Pero tenés que sentirlo.




¿Tiene algún partido en particular que recuerde más?

Hay tantos... Yo jugué 105 con la selección, hay varios. Quizás el que jugamos contra Gremio de Brasil es uno de los que yo recuerdo. Perdimos 3-2 pero fue un partido muy bonito.




A ver, cuéntenos…

Fue un partido increíble, con una gran movilidad. Cobán metió un golazo a un lado y Mandingo metió el otro. También recuerdo el que jugamos contra el París Saint Germán. Fue muy bonito y aquí le ganamos 1-0. Pero hay otro del que me acuerdo muchísimo: el que le ganamos 1-0 al Guadalajara en Los Ángeles. Me acuerdo porque llegó uno de los hermanos lejanos. Llegó casi llorando, el pobre. En ese momento, los mexicanos eran más que los salvadoreños en Estados Unidos. Siguen siendo más, pero ahora hay más salvadoreños allá. En aquel tiempo, los capataces de los trabajos eran mexicanos que les gustaba hacernos quedar mal a nosotros. Entonces, el capataz de este hombre lo estaba humillando y terminó diciéndole: “te apuesto mi sueldo contra el tuyo a que le ganamos a tu selección”. Su sueldo era, por decir algo, de mil dólares, mientras que el del salvadoreño era de 200. Eso lo hizo nada más para humillarlo en frente de toda la gente. Entonces, por no achicarse, el salvadoreño aceptó. Yo era el capitán de la selección y se me acercó a mí para contarme lo que había pasado. “Traten de ganar”, me decía. Yo le dije que era difícil, que no hubiera aceptado la apuesta. Pero fue duro que lo humillara de esa forma. “No aguanté, aunque fuera tonto, hoy ya lo hice”, me respondió el hombre. Entonces yo le conté al equipo lo que había pasado. “Dejemos todo en la cancha”, les dije. En ese momento, los árbitros eran mexicanos y nos pitaban mucho en contra. Hicimos todo lo posible y ganamos 1-0. Ese hombre llegó, después del partido, a querer invitarnos a todos a algo. Por supuesto, no le aceptamos.




Además no alcanzaba para invitarlos a todos…

Sí, pero lo que él quería era compartir su alegría. Yo no he visto un hombre más feliz que ese. Al final no era porque le había ganado al mexicano, sino porque le habíamos devuelto el orgullo. Además, le ganamos a la selección mexicana 1-0 en Honduras ese mismo año. La rivalidad con ese país nace porque ellos trataban muy mal a nuestra gente en Estados Unidos en el paso para allá. Maltratan a nuestras mujeres, a los hombres.




¿No sólo es por el fútbol?

No, vos vas sintiendo esas cosas. Hay gente que habla mal del Himno Nacional, pero escuchá tu himno lejos de tu país y es algo que te levanta los pelos. Es emocionante. Y cuando te das cuenta de que a tu gente la están tratando mal, te hace sentir diferente y lo transportás a la cancha. Eso influyó mucho para la rivalidad.




¿Y nos puede comentar algo sobre el partido que perdimos contra Hungría?

El 10-1. Mirá, ese partido es una de las cruces que nos han puesto a nosotros.




Pero usted no jugó

Fijate que entré faltando cinco minutos, por decisión del técnico Pipo Rodríguez, que lo quiero mucho y es gran hombre. Pero el partido ese fue un error de planteamiento táctico. Independientemente de eso, lo que yo remarco es que la gente sólo se acuerda de ese 10-1, pero nadie se pregunta ¿cómo es que fuimos al mundial?




O sobre los otros dos partidos…

No, los otros partidos estuvieron muy bien, con un planteamiento táctico diferente. Es que tenemos méritos con sólo haber llegado al mundial en guerra. ¿Decime el nombre de algún otro que lo haya hecho? Eso es muy difícil. Ustedes son jóvenes, son hijos de la guerra y por eso, ¿cuántas habilidades no han desarrollado por la sobreprotección que los papás de ahora imponen? Quedaron minas y secuestros, entonces nosotros, como padres, los protegimos demasiado a ustedes. Con mis pobres hijas ha pasado lo mismo.







¿Cree que esa actitud de sobreprotección ha influido en cómo nuestra generación se comporta, fuera del fútbol, en otros ámbitos?

Hay muchas cosas. Una de ellas es que nos hemos hecho muy monetizados. Por ejemplo, yo estoy de acuerdo en que el jugador debe ganar su dinero, pues trabaja para eso. En lo que yo no estoy de acuerdo es que antepongás eso. Yo aprendí algo y no me arrepiento de eso: yo no trabajo, seguro. El día que yo trabaje por dinero, voy a ser un hombre infeliz. Gano dinero, pero no trabajo por eso. Si hacés algo por dinero, nunca vas a estar contento, porque siempre vas a querer más. A nosotros nos daban cinco colones de viáticos; ahora, por ganarle a Bermudas les dan 3 mil dólares y, o sea, está bien que les den. Vaya, hubo un tiempo en que aquí a los jugadores, cuando estuvo Mathies Hill, les pagaban salarios de 50 mil colones mensuales. Yo no estoy en contra de ese salario. Está bien que se los paguen. Si los merecés, los valés y el mercado da para eso, que te los paguen, está bien. Pero estamos en un mercado contraído. El problema es que en nuestro mercado no se puede hacer eso. Si vos les pagás a todos cinco mil dólares se te acaba todo esto. No hay cómo pagar eso. Cuando vos querés a tu país y sentís que le querés dar algo mejor a tu gente, ya no lo podés ver solamente desde las ganancias que te quedan. Si pensás de esa manera, entonces luchá por otra cosa.




¿Y todos en la selección pensaban como usted?

Por lo menos yo lo sentía así. Cuando yo miraba a una señora del mercado o a la gente de ese ambiente, para mí, esa gente era El Salvador. Vos tenés compromiso con esa gente y te aseguro que las veces que perdimos, 10-1 ó 1-0, te duele mucho y te duele igual.




Las abucheadas…

Mirá, ese es un tema un poquito difícil. Yo me acostumbré a jugar en contra. A mí me daba igual jugar contra un millón de gente que me dijeran cosas. Podían ser tres gatos locos o un millón y a mí me da lo mismo. Yo aprendí a jugar así. A mucha gente no le gustaba cómo jugaba.




¿Esa actitud la implementó después de estudiar psicología o desde antes?

No, yo he sido guerrero toda mi vida. Yo lo que quería era ganar. Yo pensaba: “si alguien se mete aquí a hacer lo que hace, estamos en igualdad de condiciones. Esa persona puede utilizar todos sus recursos y yo todos los míos. Yo lo que quiero es vencer. Probablemente pierda o gane, no sé.




Alguna vez le habrá fallado la “técnica”…

No conozco uno con el que no funcionara. A todos les molesta. Hugo Sánchez, por ejemplo: él decía que los de El Salvador jugábamos con pelota cuadrada y todavía le duele que les hayamos ganado 1-0 y los dejáramos fuera del Mundial del 82. Nos decíamos muchas cosas que, por respeto a Sara no se pueden decir…




¡Dígalas!

No, es que son cosas irreproducibles: desde indio, muerto de hambre, para arriba.




¿Fuera de la cancha se podían saludar como si nada?

Si ellos querían, sí. Pero yo así jugaba, utilizando todos mis recursos, físicos, técnicos, mentales y tácticos. Yo conocía el perfil de mi adversario: si era zurdo o diestro. Uno aprende estas cosas. Pero también yo sabía cuáles eran mis debilidades. Esa era una de mis fortalezas. Al conocer mis debilidades, yo podía saber cuáles eran mis fortalezas y las fortalezas de mi rival. Además, yo respetaba a mi contrario, pero lo quería matar, me lo quería comer.




¿Cómo describiría la habilidad de Maradona, de Pelé, de Jorge González?

Ellos son de otro planeta. A ellos los tocaron con una varita mágica. Son tipos increíbles. A esa gente la tenés que marcar diciéndole cosas. Yo creo que ustedes no pueden hacerse una idea de cómo jugaba yo. No se pueden ni imaginar.




Pero yo quiero saber qué le decía a sus rivales

Bueno, el hecho de que le digás que su mujer es una prostituta, pero en otros términos más agresivos y con el calor del partido, o le decías de la mamá, de las hermanas. Eran cosas bien duras. Le tocabas el punto, la llaga.




¿Los desconcentraba por completo?

Sí, algunos se extrañaban y me decían: “¿por qué me decís eso?”. Había jugadores que me llegaban a decir: “Mirá, Ramón, tranquilo, juguemos fútbol”. Otros, de entrada me llegaban puteando, “Negro hijueputa, odioso”. Otros trataban de estar lejitos y no se metían, pero en algún momento tenían llegar conmigo, entonces, comenzaba la lucha individual.




Y cuando eran de otro país y no podía hablar el otro idioma ¿Cómo hacía?

Me acuerdo cuando jugamos contra Bélgica. Había uno que medía un metro mil. Ese era el tamaño. Yo medía 1.83 m. y era mucho más alto. Cuando venían los centros, no le tiraba a ganarle el balón, yo le apuntaba a la barbilla. En ese partido yo terminé con unos chindondos acá (y se señala varias partes de la cabeza). Si el tipo estaba parado, me paraba en sus pies. Yo jugaba con los tacos de tornillo y les sacaba filo. Eran puntudos, grandes y malos. Así los pateaba. Además, yo llevaba la mano lista para alcanzar a pegarle en los testículos cuando saltara (hace cada ademán con las manos y casi dramatiza la forma en que golpeaba). Si no le pegaba o se cubría, yo medía el tiempo, la distancia y la velocidad de la pelota. Cuando la pelota ya estaba más cerca yo les pegaba y los mataba.




¿Alguna vez algún jugador se desesperó tanto por su forma de jugar que lo golpeara?

No, no se metían conmigo en la parte física. Les costaba mucho pelear conmigo.




¿Nunca salió de las canchas el pleito?

Una vez me fui a pelear con los del Alianza al camerino de ellos. Ahí yo estaba jugando, todavía en Marte, aunque me retiré en el Alianza en el 90. Pasaron tantas cosas. Por ejemplo, aquí (y muestra su barbilla) me dieron 20 puntos. Fue con un jugador que le decían “La Bella” Barrera. Yo estaba marcando como siempre, pegándole en el talón de Aquiles para que le doliera. El chamaco sacó el codo y me pegó en la barbilla y me rompió. Entonces me pusieron mariposas y volví a entrar a partido. Yo, entonces, le pegué y me expulsaron. Él se reía y se reía. En el suelo, yo lo agarré a patadas y me expulsaron un año de jugar fútbol en el país. En la liga, pero en la selección no. De todas formas, yo jugaba en la selección y ahí me pagaban el salario. Me acuerdo que esa vez me dijeron cobarde porque le había pegado en el suelo. Entonces yo fui a buscarlo al camerino para pegarle parado, que no dijeran que era cobardía… jajaja. Cuando cobraban los tiros de esquina yo salía así (suelta una mano y saca el codo con la otra. Pone cierta actitud ofensiva y muestra cómo se le movían las manos en esa posición al correr). Una vez agarré a uno en la garganta, a Samuel Orellana, como que era pollo con zoco quedó.







¿Y a usted no le daba pena dejar a los otros así de golpeados?

No, jugando no. Yo les quería ganar.




¿Cómo está la selección ahora?

Sí, estamos en estado de coma. A eso voy: a una reunión que me ha invitado la Secretaría de la Juventud, pero yo no sé si valga la pena ir. Me han invitado pero no estoy convencido de que ahí haya alguna solución.




¿Qué cree que tiene que hacerse? ¿Tiene que salir una camada de talento natural?

No, yo creo que a enfermedades graves, acciones duras. Para mí, tendríamos que retirarnos del fútbol por decisión propia, es decir, no competir en estos momentos y preparar las bases para hacerlo.




¿Será que no se retira a la selección de las competencias porque representa algún tipo de negocio?

Cómo es posible, sólo aquí el fútbol no es una industria y solo aquí no es rentable. No, el problema aquí deportivo, es político y es económico. Lo deportivo hay que trabajarlo por ese lado; lo político se trabaja, porque son votos; y es económico porque hay intereses de sectores: publicidad, promociones, derechos de televisión. No es tan fácil; por eso, prefieren que siga así porque, aunque sea así, están sacando un poco de dinero. En cambio si nos retiramos, ¿qué vas a vender? A nadie le interesa ver a los niños jugar. Todos dicen que hay que trabajar con las menores, pero eso es mentira. Mirá, nosotros estamos haciendo un trabajo en Funda Madrid y ¿a quién le interesa?




Cuando usted dice que no es muy apasionado con el fútbol…

Pero viéndolo, no jugándolo.




¿Cómo puede hacer esa distinción?

Lo veo cuando me interesa por cuestiones laborales, cuando tengo que hacer un análisis del partido, táctica, estrategia y todo eso, pero hasta ahí.




¿Los mundiales sí los mira?

Pero sólo los que pueda ver. Los de Japón casi no los vi.




¿En Funda Madrid usted ve que hay un par de niños con la calidad para hacer crecer el fútbol?

Te lo voy a decir más concretamente: esa es la solución del país. Mirá, 14 Fundaciones de esas que tengamos nosotros, una en cada departamento, es solución. Esos niños tienen ocho años. Lo primero que hacemos es respetarlo. No es que damos lo que sobre para él. Hay que tener cuidado, en este país, al niño y al viejo se les da lo que sobra. Nosotros no, consideramos que la niñez es lo más importante. Les damos uniformes bonitos, los tratamos bien, les damos un buen campo de fútbol, un entrenador que sepa, les enseñamos valores, un trabajo diario.




¿Y si le ofrecieran a usted uno de en la Federación qué cambiaría?

Pero para meterme con esa gente, me comen. No, para meterme a eso no. Fui gerente de la Federación (de Fútbol) un año. Cuando yo llegué, tenían tres meses de no pagarle a los empleados y tenían 12 mil colones de deuda. Al cierre de ese año los dejé con casi cuatro millones de colones pagados. ¿Por qué no seguí? ¡Preguntame!




¿Por qué no siguió?

Porque al sistema corrupto no le interesa la gente que quiere hacer las cosas bien.




¿Renunció o lo renunciaron?

Se me terminó el contrato y no me lo renovaron. Y yo di gracias a Dios de ya no estar con ellos, porque tampoco quería estar con esa gente.




¿Qué se puede hacer? ¿Cuál cree que sería la solución?

Es bien difícil, porque la gente vive de eso. El plan de trabajo que está presentando la Federación lo hice yo. No lo echaron a andar en esa época porque, cuando uno no hace algo, cuesta más entenderlo. Pero hay muchas cosas que se pueden hacer y lo primero es dejar de competir internacionalmente. Luego pueden hacer trabajo con las bases menores, pero en serio.




¿Un país se puede dar la libertad de retirarse así?

Claro, lo hizo Costa Rica y les funcionó. Pasaron dos años sin jugar. Es difícil cuando no tenés a los muchachos preparados es muy difícil.




Terminada la comida, siempre cae bien una taza de café. Al mencionarle la idea al entrevistado, toma la decisión: “Yo soy cafetero a morir. ¡Que me esperen los de la Secretaría de la Juventud!”, y pide un café americano después de enterarse de que el café expreso es pura esencia. Faltaba preguntarle algo y la palabra surgió: “La guerra”







¿En el tiempo de la guerra a usted no le dio por tomar partido o participar, de alguna forma, en eso?

Fijate que no, quizá nos compenetrábamos tanto de la parte lúdica que aquí no habían. Aquí solo eran balas. Nosotros éramos queridos porque, cuando representábamos al país, los representábamos a todos. Nunca tomamos posición. Bueno, por los 80’s hicimos un paro de fútbol y varios fuimos acusados de que estábamos metidos en eso.




¿Dejaron de jugar?

Pero era porque queríamos mejoras. Paramos el campeonato. Toda la liga mayor suspendió labores y las reservas llegaban a jugar. Lo que pasaba es que no respetaban al futbolista. Mirá, siempre nos han querido ver de abajo. ¿Cuál es el tipo de futbolista del que todos tienen idea? Es vago, borracho, mujeriego, con vicios. Nosotros queríamos que nos respetaran por lo que somos, porque a mí me da mucho orgullo haber sido futbolista. Que se dieran cuenta que jugar fútbol requiere mucho. Solo ponete a pensar: darle órdenes desde tu cerebro a la parte más alejada de tu cuerpo que es tu pie y que hagás todos lo que hagás en segundos. Hay que tener dominio del balón, dominio del campo, posición en el campo de juego, adversarios, entorno, aficionados, árbitro. Todo eso lo hacés en segundos y no es fácil. Es una habilidad. Es tan difícil como ser ingeniero. Nosotros queríamos ser respetados como personas.




¿E identificados como de izquierda también?

La huelga se tomó a mal. Muchos fuimos amenazados de muerte. Por quién, no te puedo decir. Me dio mucho miedo.




¿Tomo algunas medidas por las amenazas?

Pues la primera fue encomendarme a Dios. Amenazaron a varios.




¿Cómo se organizaron?

Con liderazgo: En esa época, muchos éramos líderes. El paro fue en el 80, pero pasó y seguimos jugando.




¿A quién le pedían?

A los clubes.




¿Lograron lo que pedían?

Sí nos mejoraron algunas cosas, pero lo que lograbas era que te pusieran una cruz. En ese caso, yo fui de los más afectados. Sufrí marginaciones; no era una persecución, pero te bloqueaban en muchos lugares. Quedé como revoltoso: querían hacerlo ver como algo que no valió la pena.




¿Y cómo fue su despedida del fútbol?

Fue así como un día normal. En el 89 había un señor en Marte, de apellido Calderón, que le agarró una ojeriza conmigo, a saber por qué, pero no me renovaron el contrato. Entonces Alianza, que había sido mi rival de toda la vida, me ofreció jugar en el equipo. “No merecés que te vayás de estas manera, merecés que te vayás bien”, me dijeron y es una cosa que les agradezco mucho todavía. Fueron muy diferentes conmigo. De alguna manera, quizás me gustó mucho más el Alianza que el Marte por eso.




¿Cómo tomó la decisión del retiro?

Es que yo digo que, cuando ya cuesta amarrarse los zapatos, ya se va acabando el fútbol.




Así como empezó…

Cabal, cabal, pero cuando tenía cinco años era porque yo no podía. Después fue porque no sentía aquel deseo. Además, yo quería ser reconocido por mis otras habilidades, no sólo como futbolista. Que vieran que tenía otras habilidades. Me quería quitar el mote de futbolista. Creo que cualquier varón, en este país, quiere ser futbolista. El que me diga lo contrario, es mentiroso. Yo fui un favorecido de Dios que me permitió hacer lo que a mí me gustaba.




¿Pero hubo un último partido?

Bueno, el último de ese torneo que jugué contra Alianza.




¿Contra quién?

Ya ni me acuerdo. Esas cosas uno las tiene a borrar de la mente, las cosas que no son muy agradables. Después de eso no he vuelto a ir al estadio. Me perdí de todo eso.




¿No le hace falta?

Nada.




¿Y después qué hizo?

Yo trabajé en CEL, en el Ministerio de Hacienda, en Sigma, en Kismet. Yo trabajé y estudié siempre. Me tocó, además, ser papá y ser marido. Todo eso requería una gran disciplina. En 2001 yo trabajé en la Comisión Normalizadora. Si a esa comisión la hubieran dejado trabajar unos tres años más, el fútbol nacional hubiera mejorado. Solo duró un año. Pero la comisión terminó ahí, había gente honorable. A mí me dio gusto trabajar con esa gente.




Si usted quisiera vivir un partido de nuevo, ¿cuál sería?

Contra Bélgica, contra México en Honduras. Yo marcaba a Hugo Sánchez. Desde que entramos, al campo nos agarramos a patadas.




¿Quién es mejor, Pelé o Maradona?

Maradona.




¿Maradona o el Mágico?

Maradona.




¿Mágico o Pelé?

Pelé.




¿Por qué cree que, a pesar de todo lo que hizo el Mágico, no se le considera tanto a nivel mundial?

Porque jugó en un equipo chico. Jugó en Cádiz, no fue en Barcelona o en otro así.




¿Cree que vuelva a nacer otro Mágico en El Salvador?

No, yo no creo. Incluso, en todo el mundo es bien difícil.




¿No hay algún jugador salvadoreño, de esta generación, que sea bueno bueno?

El problema es que no han ganado nada. Es como todo, si no ganás nada, ni siguiera publicidad ganás. En cambio, nosotros podemos decir que, entre toda la gente de El Salvador, solo 40 somos los mundialistas y de esos 40 ya murieron varios. De seis millones que hay acá, más tres millones que hay en Estados Unidos, sólo 40 hemos logrado eso. Si a eso le llaman ser engreído, soy engreído. Después de eso, ¿de qué vamos a hablar? Pueden ser buenos jugadores, pero ¿qué ganaron? Ese es el problema.













Ramón Alfredo Fagoaga

Ramón Alfredo Fagoaga




Nacido el 12 de Enero de 1952.




Futbolista salvadoreño.




Jugo en Atletico Marte en su pais El Salvador.




Fagoaga fue mienbro de el equipo de El Salvador en el mundial de España 1982 .













7 de enero de 1982: en Los E.U. Estadio Coliseo.

El Salvador 0 Boca Juniors (Argentina) 2

EL SALVADOR: Mora, Castillo, Jovel, Rodriguez, Recinos, Quinteros, Huezo, Rugamas, M.Gonzalez(Cabrera), Hernandez y Ventura(Gonzalez).




10 de enero de 1982: en Los E.U. Estadio Cesar de San Francisco.

El Salvador 2 Canada 0

Goles: Romeo Romeo Aquino(2).

EL SALVADOR: Mora(Hernandez), Castillo(Arevalo), Jovel, Rodriguez, Recinos, Quinteros(Escamilla), Huezo, Rugamas, Alfaro, M. Gonzalez y Aquino(Cabrera).




31 de enero de 1982: en San Salvador. Estadio Cuscatlan.

El Salvador 2 Rumania 1

Goles: Ever Hernandez(2).

EL SALVADOR: Mora(Munguia), Osorto, Jovel, Arevalo, Recinos, Quinteros(Ventura), Zapata, Alfaro, Cabrera(Gonzalez), Hernandez y M.Gonzalez(Escamilla).




14 de febrero de 1982: en San Salvador. Estadio Cuscatlan.

El Salvador 0 Sport Boys (Peru) 0

EL SALVADOR: Mora(Henriquez), Osorto, Jovel, Fagoaga, Recinos, Ventura(Gonzalez), Huezo, Rugamas, Rivas, Hernandez(Ragazzone) y Zapata.




17 de marzo de 1982: en Argentina. Estadio Ferrocarril Oeste.

El Salvador 0 San Lorenzo de Almagro (Argentina) 2

EL SALVADOR: Mora, Osorto(Arevalo), Jovel, Fagoaga, Recinos, Ventura(Alfaro), Huezo, Rugamas, Zapata, Hernandez(Aquino) y Gonzalez.




25 de marzo de 1982: en Argentina. Estadio Chateau Carreras.

El Salvador 1 Talleres de Cordova (Argentina) 2

Goles: Jorge Gonzalez.

EL SALVADOR: Mora(Hernandez), Osorto, Jovel, Fagoaga(Ventura), Recinos, Alfaro, Huezo, Rugamas, Zapata, Hernandez(Aquino, Ragazzone) y Gonzalez.




31 de marzo de 1982: en Peru. Estadio ?

El Salvador 1 Universitario de Deportes (Peru) 2

Goles: Jose Maria Rivas.

EL SALVADOR: Mora, Osorto, Jovel, Fagoaga, Recinos, Zapata, Huezo, Rugamas, Rivas, Hernandez y Gonzalez.




18 de abril de 1982: en San Salvador. Estadio Cuscatlan.

El Salvador 3 Honduras 2

Goles: Jorge Gonzalez(2). Norberto Huezo.

EL SALVADOR: Mora, Castillo, Jovel, Fagoaga(Osorto), Recinos, Alfaro, Huezo(Ventura), Rugamas, Rivas, Zapata(Aquino) y Gonzalez.




22 de abril de 1982: en Honduras. Estadio en San Pedro Sula.

El Salvador 1 Honduras 1

Goles: Jose Maria Rivas.

EL SALVADOR: Mora, Castillo, Jovel, Fagoaga, Recinos, Alfaro(Ventura), Huezo, Rugamas, Rivas(Ragazzone), Zapata y Gonzalez.




25 de abril de 1982: en San Salvador. Estadio Cuscatlan.

El Salvador 0 Botafogo (Brasil) 1

EL SALVADOR: Mora, Castillo, Jovel, Fagoaga, Recinos, Alfaro, Huezo, Rugamas, Ragazzone(Hernandez), Zapata y Gonzalez.




9 de mayo de 1982: en San Salvador. Estadio Cuscatlan.

El Salvador 2 Universitario de Deportes (Peru) 2

Goles: Jorge Gonzalez. Jose Maria Rivas.

EL SALVADOR: Mora, Osorto, Jovel, Fagoaga, Recinos(Castillo), Alfaro, Huezo, Rugamas, Rivas, Hernandez(Zapata) y Gonzalez.




12 de mayo de 1982: en San Salvador. Estadio Flor Blanca.

El Salvador 4 Universitario de Deportes (Peru) 1

Goles: Jorge Gonzalez. Norberto Huezo. Jose Maria Rivas. Lorenzana Ragazzone.

EL SALVADOR: Mora(Munguia), Osorto, Jovel(Arevalo), Fagoaga, Castillo, Alfaro, Huezo, Rugamas, Rivas, Hernandez(Ragazzone) y Gonzalez.




16 de mayo de 1982: en San Salvador. Estadio Cuscatlan.

El Salvador 2 Ponte Preta (Brasil) 2

Goles: Jorge Gonzalez. Carlos Humberto Recinos.

EL SALVADOR: Mora, Castillo, Fagoaga, Rodriguez(Ventura), Recinos, Alfaro(Zapata), Huezo, Rugamas, Rivas(Aquino), Hernandez y Gonzalez.




19 de mayo de 1982: en San Salvador. Estadio Flor Blanca.

El Salvador 0 Ponte Preta (Brasil) 3

EL SALVADOR: Mora, Castillo, Ventura, Rodriguez, Recinos, Alfaro(Zapata), Huezo, Rugamas, Aquino(Rivas), Hernandez y Gonzalez.




23 de mayo de 1982: en San Salvador. Estadio Cuscatlan.

El Salvador 1 Racing White (Belgica) 2

Goles: Baltazar Zapata.

EL SALVADOR: Mora, Castillo, Fagoaga(Arevalo), Rodriguez, Recinos, Ventura(Zapata), Huezo, Rugamas, Rivas, Hernandez y Gonzalez.




30 de mayo de 1982: en San Salvador. Estadio Cuscatlan.

El Salvador 2 Paris St. Germain (Francia) 1

Goles: Norberto Huezo. Ever Hernandez.

ELSALVADOR: Mora(Hernandez), Castillo, Fagogaga, Rodriguez, Recinos, Zapata(Ventura), Huezo, Rugamas, Rivas(Ragazzone), Hernandez y Gonzalez.




6 de junio de 1982: en San Salvador. Estadio Cuscatlan.

El Salvador 1 Gremio (Brasil) 1

Goles: Jose Maria Rivas.

EL SALVADOR: Mora, Castillo, Fagoaga, Rodriguez(Arevalo), Recinos, Alfaro(Zapata), Huezo, Rugamas, Rivas, Hernandez y Gonzalez.




El Salvador

Alfaro, Mauricio. Castillo, Mario Alfonso. Cruz Jovel, José. Díaz Arévalo, Miguel Angel. Fagoaga, Ramón Alfredo. Fuentes, Carlos. González, Jorge Alberto. Guevara Mora, Luis Ricardo. Hernández, Francisco Ever. Hernández, Julio Eduardo. Huezo, José Norberto. Lorenzana, Guillermo. Munguía, José Luis. Osorto, Francisco. Ramírez Zapata, Luis. Recinos, Carlos Humberto. Rivas, José María. Rodríguez, Jaime. Rodríguez, Mauricio. Romero Aquino, Silvio. Rugamas, José Luis. Ventura, Joaquín Alonso.
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